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Editorial
Miércoles, 4 de julio de 2018

El verano de la carabela portuguesa

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Editorial.

El verano empieza con el avistamiento en varias playas del litoral alicantino (desde finales de abril), y del Golfo de Valencia, de la carabela portuguesa, un visitante inesperado y desconocido para la mayoría de los bañistas, que hasta ahora tenían que lidiar con las típicas medusas, el pez araña, y, muy excepcionalmente, alguna tintorera desorientada que llegaba a la costa. 


Por el momento el pato lo paga Tavernes de la Valldigna, donde en las últimas dos semanas de junio se vieron tres carabelas. Esto obliga a activar un protocolo que implica cerrar al baño las playas, ya que el contacto del veneno de este hidrozoo con el ser humano provoca reacciones mucho más graves que la picadura de una medusa común. Los servicios de salvamento y socorrismo tienen por tanto este verano un trabajo extra controlando la posible llegada de la carabela. También se han avistado en Alicante, Altea, Calp, Benidorm, Benissa, Moraira, Dénia y en las playas del Saler y la Malvarrosa, en Valencia. 


La proliferación de medusas en las playas del Mediterráneo es una tendencia que va en aumento. Algunos expertos aseguran que está relacionada con los cambios que el ser humano está provocando en el mar, por el vertido de materias contaminantes.


El mayor depredador de medusas es la tortuga boba, una especie a la que le cuesta sobrevivir en un mar plagado de plásticos de todo tipo que tardan centenares de años en desintegrarse. También cabe mencionar aquí la labor que realizan cada verano desde hace unos años los barcos de la Cofradía de Pescadores de Gandia, retirando medusas coincidiendo con la parada biológica a cambio de una subvención municipal. Con todo, sería conveniente que a esta iniciativa se sumaran más municipios de la comarca e incluso la Diputación, para que los pescadores pudieran «peinar» una parte más ancha del litoral. 


Así pues, mantener unos mares limpios ayuda a reducir las medusas. Y eso a su vez también repercute en la economía, ya que la aparición de más carabelas o un tratamiento alarmante de la cuestión podría acabar teniendo efectos perjudiciales para la temporada turística. 

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