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Editorial
Jueves, 5 de octubre de 2017

Tasa turística, sí, pero con retorno

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Editorial.

La Comunitat Valenciana vive inmersa estos días previos al 9 d'Octubre en un debate sobre la tasa turística. El pasado 15 de septiembre Les Corts Valencianes aprobaron, con los votos de Compromís, Podemos y cuatro diputados no adscritos; la abstención del PSPV-PSOE y Ciudadanos; y el voto en contra del PP, instar al Consell a crear esta tasa. Podemos, de donde surgió la propuesta, considera que debería entrar en vigor en 2018. 
En su concepto, la tasa es un tributo que grava el impacto medioambiental causado por el turista, con el fin de que su recaudación contribuya a mejorar las infraestructuras y el desarrollo del sector. Funciona en otras partes del mundo, si bien no siempre el hotelero es el recaudador, ya que en algunas partes se gravan los billetes aéreos.

 

En España lo aplican Cataluña y Baleares. En Cataluña es diferente si el turista se aloja en la ciudad de Barcelona (de 0,65 € a 2,25 € por persona y día, dependiendo del establecimiento) o si lo hace en cualquier otra parte de la comunidad autónoma, donde el mínimo es ligeramente más barato. El máximo que se aplica es de siete días. En las Islas Baleares varía según la temporada, y se aplica hasta un máximo de 9 días, con precios de 0,25 € a 1 euro. Y en ambos casos los menores de 16 años no la pagan.


En una Comunitat Valenciana donde la corrupción y el saqueo han campado a sus anchas (no sólo entre algunos políticos, sino incluso en técnicos municipales, como ha salido a luz últimamente en un par de funcionarios de Gandia y Daimús) podría ser lógico desconfiar en que lo recaudado se administrará en favor del bien común. Por otra parte es cierto, como han señalado las patronales, desde Hosbec hasta la comarcal FAES, que hay otros problemas, como la cantidad de alojamientos ilegales, especialmente apartamentos; una economía sumergida que no viene de ahora, pero que en los últimos años ha crecido con el auge de plataformas digitales en las que es muy fácil publicitarlos y obtener un dinero extra. Y en esto también tiene que trabajar la administración.

 

Pero hay que darle una oportunidad a la tasa, siempre que se gestione bien y se reinvierta en el sector o en mejorar el medio ambiente. Habramos foros de diálogo (también en la Mesa de Turismo de Gandia) y esperemos a una ley sensata que desarrolle este nuevo tributo, sin excesos, con limitaciones y sin que los hoteleros tengan que asumir en exclusiva el papel de burócratas. 

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