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Miguel A. Morant
Miércoles, 19 de julio de 2017

¿Turismo o esclavitud?

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Opinió, per Miquel Àngel Morant.

Todo Vale. No hay normas, al parecer. Y quien las respeta o pretende hacerlas cumplir es strict man o un bored man. ¡Claro que sí, guapi! Si no dejas hacer a cada uno lo que le venga en gana, eres estricto o aburrido. Sencillo. Si eres un «aguafiestas» en Ibiza tienes el peligro de creértelo, de creer que lo eres o que lo normal es el desfase y el exceso. Si no lo eres y en realidad es un trabajo, tu trabajo... eso es mucho peor. 


Hace poco me preguntaron qué me gustaba de Ibiza y por qué vine. Respondí que muchas cosas. Cada vez tengo más claro que a Ibiza le sobra la gente sin escrúpulos y le falta gente que la respete y la quiera de verdad. En ambos casos el dinero es la incógnita de la ecuación: unos porque vienen a explotar económicamente un paraíso; los otros porque han perdido la fe en ese mismo paraíso y ya no apuestan ni arriesgan por mantener el trato local, autóctono de quienes ofrecen un buen pescado a la plancha y un vino de la tierra o una cama cómoda cerquita (no hace falta que sea encima, literalmente) del mar. 


Las sensaciones son muy similares, salvando la enorme distancia, a las que tengo en mi pequeña gran ciudad, Gandia. Aún en la memoria de mucha gente con un apellido indigno que no representa a la gran mayoría de los habitantes y ciudadanos de la capital de la Safor, ésta lucha por crecer y ser atractiva todo el año. Pero aún nadie ha dado con la clave del éxito. O al menos con la del éxito que aúne a todos los sectores para una mayor fortaleza de los tejidos empresarial, turístico, formativo y social sin menoscabo de los intereses y derechos de unos a costa de los de los otros. 


El empresario que quiere ganar dinero no puede hacerlo a costa de pagar sueldos y ofrecer condiciones que rocen la esclavitud. Y eso pasa. El trabajador que quiere trabajar en el sector servicios no puede pretender tener sueldos pre-crisis sin tener la formación adecuada para realizar sus labores de una forma excelente. Eso, por desgracia, también pasa. La sociedad que pretenda avanzar no puede quedarse estancada en las mismas ideas, poco originales e innovadoras de las que viene viviendo los últimos 30, 40 o 50 años. Y sí, esto también pasa. 
El gobierno no puede creer que todo se arregla permitiendo la explotación por parte de grandes superficies de terrenos en la periferia de la ciudad, mientras los locales del centro histórico siguen colgando el cartel de «Se Alquila» o «Se vende». Y como ya sabemos todos, esto está pasando. 


No se trata de volverse locos. Ni de inventar la rueda. Se trata de escuchar a la sociedad en su conjunto. Adoptar ideas que en otros lugares funcionen, someter al interés general a medio o largo plazo de la ciudad y de nuestra zona de influencia aquellos intereses que no sean beneficiosos más que para unos cuantos. 


En Ibiza este problema se lleva al extremo. Porque una capital turística reconocida a nivel mundial no puede serlo si los que vienen a trabajar la temporada no encuentran habitaciones a precios razonables porque se confunden los alquileres clandestinos con los alojamientos turísticos ilegales.  


La explotación del suelo está llegando a límites de pinchazo de burbuja habitacional.  Tampoco se puede pretender, y los grandes empresarios lo fomentan y además se vanaglorian de ello en los medios, que el lujo sea la única solución para el futuro en la isla.   


De nosotros depende que todo se convierta en ese lujo que sólo puedan pagar algunos ricos vecinos nuestros. De nosotros depende que los límites al progreso estén dentro del respeto a la ciudadanía y no sólo a la protección de la voluntad caprichosa y a veces maleducada de quien puede pagar 30 euros por copa en Ushuaïa o 15 euros por una cerveza en Hï (donde estaba la vieja Space que compraron, remodelaron y ampliaron los Matutes) y piensan que por ello, la isla es suya. De nosotros depende que sigamos permitiendo que a todas horas sucedan hechos que incluyan en la exuación alcohol, accidentes de tráfico, peleas, muertes absurdas, etc. 


Si no aprendemos ni los que están aquí, ni los que son de aquí ni los que venimos a aquí a trabajar o a disfrutar de la isla, nos habremos convertido en cómplices de los verdaderos culpables de permitir que «nuestra» isla, del tesoro, no material, precisamente, sea saqueada. Por eso, si en el futuro me preguntan qué me gusta de Ibiza, diré que sus inviernos. Y su gente. Casi lo mismo que de Gandia.  

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