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Editorial
Miércoles, 5 de julio de 2017

La memoria histórica llega a la Safor

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Editorial.

En los últimos dos años, a raíz de la irrupción de gobiernos de izquierdas al frente de las instituciones públicas, han resurgido iniciativas para hacer cumplir la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, la conocida popularmente como «Ley de Memoria Histórica», puesta en marcha a iniciativa del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero.


En este sentido, en pueblos y ciudades se han promovido acciones como eliminar las denominaciones franquistas de calles u homenajes a represaliados por la dictadura. Este proceso también ha llegado a la comarca de la Safor, y parece imparable. Gandia, Oliva, Bellreguard, Benifairó y Villalonga han realizado varias de estas iniciativas en los últimos meses.


El Consell ultima una ley autonómica de memoria histórica y la Diputación de Valencia ha habilitado una línea de subvenciones para exhumar fosas comunes con familiares interesados en sacar los restos óseos de sus allegados para trasladarlos a su localidad.


Es este un proceso muy complicado, pero no imposible, como demuestra el empeño de Ascensión Mendieta (91 años), la mujer madrileña que gracias a la justicia argentina el pasado 2 de julio pudo velar y enterrar a su padre, Timoteo, asesinado en 1939.


Los ayuntamientos de Oliva y Tavernes de la Valldigna ya han dicho que estarán al lado de los familiares, los únicos que directamente pueden ejercer esta reclamación. Así pues, con el apoyo de las instituciones, ya hay familias que están agrupándose para financiar la posible excavación forense de fosas comunes, como la que está haciendo el equipo de ArqueAntro en la 113 del cementerio de Paterna. 


No se trata abrir heridas, si no de reparar un daño. Tampoco de hacer homenajes a republicanos sólo por el hecho de serlo. Conviene situarse en el contexto bélico y pensar que se pegaron tiros desde los dos bandos. La diferencia es que el Gobierno republicano no firmó ninguna condena a muerte, como sí lo hizo Franco tras la Guerra Civil. 


Y mientras que los cadáveres de la represión se lanzaron indiscriminadamente a fosas comunes, otros tenían cerca un monumento de «Caídos por Dios y por España». Por eso, aunque hayan pasado más de 80 años, es comprensible pensar que haya familiares que quieran dar una sepultura más digna a sus parientes. 

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