Joan Banyuls
Una Generalitat espectral
Opinió, per Joan Banyuls.
![[Img #104793]](https://saforguia.com/upload/images/11_2025/5155_6360_joanb-copia-1.jpg)
Que la filosofía política de los gobiernos que conforman PP-VOX es apostar por lo privado en detrimento de lo público, es algo que muchos sabíamos y que otros desconocían o no querían creer. Que también se inclinan por reducir impuestos a las rentas más altas, o sea, a los ricos, pero que hagan creer que los beneficiados son los trabajadores, es tan obvio como que el sol sale por levante y se pone por poniente.
Que ese mensaje, envuelto con papel digital de panfletos afines a la causa de la extrema derecha, se lo compra mucha gente que no se da cuenta de que están lanzándose piedras sobre sus propias cabezas, es tan reprobable como los actos de aquellos individuos que se aprovechan de la ignorancia de algunas personas para estafarlas.
Porque toda esa propaganda que vomita la derecha no es más que eso: un puro y simple timo. Y el fraude más grande que estamos sufriendo es el que se está tejiendo desde la Generalitat Valenciana, gobernada por el PP con el apoyo de VOX (a pesar del numerito que montaron haciendo creer que salían del ejecutivo, que no ha sido más que una burda pantomima). En estos momentos, cuando ha transcurrido poco más de un año desde que asumió la presidencia Carlos Mazón Guixot, se empieza a vislumbrar con todo lujo de detalles el resultado de esa política pro-potentados que la Generalitat está desarrollando.
En primer lugar, cuando ya se va acabando de entregar los proyectos aprobados por el gobierno del Botànic que presidió Ximo Puig, lo que nos espera es la nada, el vacío absoluto, el cero patatero.
Curiosamente, las áreas que más están notando esas políticas del PP-VOX son las relacionadas con la educación, la sanidad, las ayudas sociales y la cultura, cosa que no debería extrañarnos porque es en esos campos donde las empresas privadas esperan obtener grandes beneficios, en perjuicio de lo público, o sea, de todos los trabajadores que no nos podemos permitir una sanidad y una educación privada, ni mucho menos el “lujo” de la cultura.
En nuestra ciudad, Gandia, existen proyectos educativos, sanitarios, sociales y culturales, que están amenazados por la inacción (consciente) de la Generalitat Valenciana, siendo el máximo responsable su presidente, Carlos Mazón, preocupado en eliminar el impuesto de patrimonio y sucesiones, que sólo afectaba a las rentas más altas, y de privatizar todo aquello que pueda, causando con ello un grave perjuicio a la mayoría de los valencianos, los trabajadores, que se verán obligados a pagar de su bolsillo unos servicios que hasta ahora eran públicos.
No olvidemos, que el actual presidente de la Generalitat, Mazón, creció políticamente al lado de Eduardo Zaplana, condenado a 10 años de prisión por corrupción. Por cierto, para alegrarnos la vida a los gandienses, a parte de cerrar el consultorio médico de Benipeixcar e intentar hacerlo con las Urgencias en el Centro de Salud de Corea, se le ha ocurrido la idea de mandar a Gandia a Víctor Soler, al que ya empiezan a conocer con el sobrenombre de “El Almendro”, porque ha vuelto a casa por Navidad.
Se ve que ahora sí que le vale como cabeza visible del PP en la ciudad ducal, después de que lo defenestrara en las últimas elecciones municipales, para sustituirlo por Juan Carlos Moragues, que fue flor de un día. Por cierto, que el señor Soler también creció políticamente con el único alcalde del PP que ha tenido Gandia, Arturo Torró, quién dijo de él que era su delfin, y que, ¡oh, casualidad!, también ha sido condenado a tres años y medio de prisión por malversación.
Pues bien, a pesar de todo ello, y de que el PP anda pidiendo la dimisión hasta de los conserjes de los ministerios, basándose en bulos esparcidos por una prensa digital sin credibilidad alguna, todavía no ha dado de baja, ni siquiera cautelarmente hasta que sea firme la sentencia, al señor Torró.
No estaría de más que alguien recordara tanto al señor Mazón como al señor Soler, que los actos del pasado tienen consecuencias en el presente y en el futuro, y que, tal como escribió Charles Dickens en su relato “Cuento de Navidad”, esos espectros del pasado y del presente pueden venir a pedirnos cuentas, pero que nada es comparable ni más terrorífico que el espíritu del futuro, que, si no lo remedian, puede acabar con su vidas políticas. Yo no me lo tomaría a broma, porque los ciudadanos no son tontos y siempre acaban espantando a los fantasmas.
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Que la filosofía política de los gobiernos que conforman PP-VOX es apostar por lo privado en detrimento de lo público, es algo que muchos sabíamos y que otros desconocían o no querían creer. Que también se inclinan por reducir impuestos a las rentas más altas, o sea, a los ricos, pero que hagan creer que los beneficiados son los trabajadores, es tan obvio como que el sol sale por levante y se pone por poniente.
Que ese mensaje, envuelto con papel digital de panfletos afines a la causa de la extrema derecha, se lo compra mucha gente que no se da cuenta de que están lanzándose piedras sobre sus propias cabezas, es tan reprobable como los actos de aquellos individuos que se aprovechan de la ignorancia de algunas personas para estafarlas.
Porque toda esa propaganda que vomita la derecha no es más que eso: un puro y simple timo. Y el fraude más grande que estamos sufriendo es el que se está tejiendo desde la Generalitat Valenciana, gobernada por el PP con el apoyo de VOX (a pesar del numerito que montaron haciendo creer que salían del ejecutivo, que no ha sido más que una burda pantomima). En estos momentos, cuando ha transcurrido poco más de un año desde que asumió la presidencia Carlos Mazón Guixot, se empieza a vislumbrar con todo lujo de detalles el resultado de esa política pro-potentados que la Generalitat está desarrollando.
En primer lugar, cuando ya se va acabando de entregar los proyectos aprobados por el gobierno del Botànic que presidió Ximo Puig, lo que nos espera es la nada, el vacío absoluto, el cero patatero.
Curiosamente, las áreas que más están notando esas políticas del PP-VOX son las relacionadas con la educación, la sanidad, las ayudas sociales y la cultura, cosa que no debería extrañarnos porque es en esos campos donde las empresas privadas esperan obtener grandes beneficios, en perjuicio de lo público, o sea, de todos los trabajadores que no nos podemos permitir una sanidad y una educación privada, ni mucho menos el “lujo” de la cultura.
En nuestra ciudad, Gandia, existen proyectos educativos, sanitarios, sociales y culturales, que están amenazados por la inacción (consciente) de la Generalitat Valenciana, siendo el máximo responsable su presidente, Carlos Mazón, preocupado en eliminar el impuesto de patrimonio y sucesiones, que sólo afectaba a las rentas más altas, y de privatizar todo aquello que pueda, causando con ello un grave perjuicio a la mayoría de los valencianos, los trabajadores, que se verán obligados a pagar de su bolsillo unos servicios que hasta ahora eran públicos.
No olvidemos, que el actual presidente de la Generalitat, Mazón, creció políticamente al lado de Eduardo Zaplana, condenado a 10 años de prisión por corrupción. Por cierto, para alegrarnos la vida a los gandienses, a parte de cerrar el consultorio médico de Benipeixcar e intentar hacerlo con las Urgencias en el Centro de Salud de Corea, se le ha ocurrido la idea de mandar a Gandia a Víctor Soler, al que ya empiezan a conocer con el sobrenombre de “El Almendro”, porque ha vuelto a casa por Navidad.
Se ve que ahora sí que le vale como cabeza visible del PP en la ciudad ducal, después de que lo defenestrara en las últimas elecciones municipales, para sustituirlo por Juan Carlos Moragues, que fue flor de un día. Por cierto, que el señor Soler también creció políticamente con el único alcalde del PP que ha tenido Gandia, Arturo Torró, quién dijo de él que era su delfin, y que, ¡oh, casualidad!, también ha sido condenado a tres años y medio de prisión por malversación.
Pues bien, a pesar de todo ello, y de que el PP anda pidiendo la dimisión hasta de los conserjes de los ministerios, basándose en bulos esparcidos por una prensa digital sin credibilidad alguna, todavía no ha dado de baja, ni siquiera cautelarmente hasta que sea firme la sentencia, al señor Torró.
No estaría de más que alguien recordara tanto al señor Mazón como al señor Soler, que los actos del pasado tienen consecuencias en el presente y en el futuro, y que, tal como escribió Charles Dickens en su relato “Cuento de Navidad”, esos espectros del pasado y del presente pueden venir a pedirnos cuentas, pero que nada es comparable ni más terrorífico que el espíritu del futuro, que, si no lo remedian, puede acabar con su vidas políticas. Yo no me lo tomaría a broma, porque los ciudadanos no son tontos y siempre acaban espantando a los fantasmas.























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