Óscar Gamazo
Pacificar el carril bici-peatonal de la fachada marítima de Gandia
Opinió, per Óscar Gamazo.
Culminada la Semana Europea de la Movilidad expondremos ciertos hábitos de movilidad permitidos en la playa de Gandia que perjudican la calidad de vida de la ciudadanía. Comenzaremos con la permisividad de la Policía Local a la hora de permitir el estacionamiento en cualquier lugar lo que dificulta la accesibilidad de los peatones y de los propios vehículos que transitan por la trama urbana. Esa permisividad se desvanece los domingos por el mercado no sedentario que convierte en una odisea la movilización de agentes y grúas. Cambiar su ubicación en otro enclavamiento durante los meses estivales eliminaría las molestias que supone para los vecinos, los conductores y los agentes que deberían ocuparse de otros menesteres más relevantes para la seguridad ciudadana que de ir ordenando la retirada de vehículos por la instalación por unas horas del mercadillo.
Y acabaremos con carril del paseo marítimo que jamás fue exclusivamente una vía para ciclistas ya que siempre fue un carril compartido por peatones que lo cruzan para ir a la playa o volver de ella, por runners y por los usuarios de la bici. Aquella medida de convivencia adoptada por el Ayuntamiento por la que en una misma infraestructura circulaban bicicletas y peatones no fue criticada en exceso por los vecinos dado que, en aquel momento a principios de siglo, era residual el número de ciclistas que lo usaban.
Con la pandemia el Ayuntamiento adoptó la decisión acertada de convertir la primera línea de la playa en una zona preferentemente peatonal para disfrute de la ciudadanía y el beneficio de los hosteleros que ampliaron sus terrazas y, por ende, aumentaron la posibilidad de obtener mayores ingresos ocupando la vía pública.
Los años han pasado y aquel modelo de convivencia civilizada del carril compartido entre peatones y ciclistas ha dado paso a una autopista de patinetes, carros, ciclos y triciclos eléctricos, motos y minimotos eléctricas y todo tipo de VMP. Ese considerable aumento del tráfico de todo tipo de vehículos de dos, tres y cuatro ruedas pone en serio riesgo la integridad de los peatones y convierte esa vía en una zona inaccesible, ruidosa y peligrosa.
Por ello, el Ayuntamiento debe poner fin a ese circuito competitivo en el que no se respetan las normas de circulación. Debe priorizar por encima de cualquier interés particular el general y proteger la integridad física de los ciudadanos garantizando una movilidad segura con la limitación del acceso y uso de ese carril exclusivamente para los peatones y los ciclos de dos ruedas propulsados por el pedaleo de una persona, es decir, la bicicleta de toda la vida. Toca ya pacificar el carril de la fachada marítima.
Culminada la Semana Europea de la Movilidad expondremos ciertos hábitos de movilidad permitidos en la playa de Gandia que perjudican la calidad de vida de la ciudadanía. Comenzaremos con la permisividad de la Policía Local a la hora de permitir el estacionamiento en cualquier lugar lo que dificulta la accesibilidad de los peatones y de los propios vehículos que transitan por la trama urbana. Esa permisividad se desvanece los domingos por el mercado no sedentario que convierte en una odisea la movilización de agentes y grúas. Cambiar su ubicación en otro enclavamiento durante los meses estivales eliminaría las molestias que supone para los vecinos, los conductores y los agentes que deberían ocuparse de otros menesteres más relevantes para la seguridad ciudadana que de ir ordenando la retirada de vehículos por la instalación por unas horas del mercadillo.
Y acabaremos con carril del paseo marítimo que jamás fue exclusivamente una vía para ciclistas ya que siempre fue un carril compartido por peatones que lo cruzan para ir a la playa o volver de ella, por runners y por los usuarios de la bici. Aquella medida de convivencia adoptada por el Ayuntamiento por la que en una misma infraestructura circulaban bicicletas y peatones no fue criticada en exceso por los vecinos dado que, en aquel momento a principios de siglo, era residual el número de ciclistas que lo usaban.
Con la pandemia el Ayuntamiento adoptó la decisión acertada de convertir la primera línea de la playa en una zona preferentemente peatonal para disfrute de la ciudadanía y el beneficio de los hosteleros que ampliaron sus terrazas y, por ende, aumentaron la posibilidad de obtener mayores ingresos ocupando la vía pública.
Los años han pasado y aquel modelo de convivencia civilizada del carril compartido entre peatones y ciclistas ha dado paso a una autopista de patinetes, carros, ciclos y triciclos eléctricos, motos y minimotos eléctricas y todo tipo de VMP. Ese considerable aumento del tráfico de todo tipo de vehículos de dos, tres y cuatro ruedas pone en serio riesgo la integridad de los peatones y convierte esa vía en una zona inaccesible, ruidosa y peligrosa.
Por ello, el Ayuntamiento debe poner fin a ese circuito competitivo en el que no se respetan las normas de circulación. Debe priorizar por encima de cualquier interés particular el general y proteger la integridad física de los ciudadanos garantizando una movilidad segura con la limitación del acceso y uso de ese carril exclusivamente para los peatones y los ciclos de dos ruedas propulsados por el pedaleo de una persona, es decir, la bicicleta de toda la vida. Toca ya pacificar el carril de la fachada marítima.
























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