Día Martes, 02 de Junio de 2026
Día Martes, 30 de Junio de 2026
Las pasadas elecciones generales del día 23 de julio han dejado un panorama político y social que debe analizarse con detenimiento. En primer lugar, el resultado final ha dejado bien a las claras que la campaña electoral sí sirve para algo, y que las encuestas se deben de tener en cuenta, pero que no son una verdad absoluta.
En segundo lugar, ha quedado cristalino que el PP y VOX son almas gemelas, cosa que ya sospechaban muchos, porque la mayoría de los que van en las listas del partido de Abascal (incluído él mismo) son el “destrío” del partido de Feijóo, es decir, aquellos que no rescaban bola (o sea, carguito institucional). Nunca creí que el partido de la derecha fuera una formación centrista, pues, como decía la moraleja del cuento del estudiante que supuestamente se transformaba en burro, “¡quién no los conozca, que los compre! Han caído en brazos del extremismo más atroz sin ningún tipo de pudor, amparados por un supuesto amor a España que tiene de verdadero lo que Franco de demócrata, o sea, nada.
Porque esa España que ellos defienden ante un imaginado contubernio socio-comunista-separatista, es un país viejuno, anclado en el pasado, cutre y cursi a más no poder, entregado a la iglesia católica y a las tradiciones más trasnochadas, entre ellas la tortura y muerte un noble animal, como es el toro, al cual desangran y estoquean para el deleite de unos cuantos (¡menuda diversión!), teniendo la poca vergüenza de llamar a esto cultura y denominándola “fiesta nacional”. Estas extremas derechas se han apropiado de los símbolos de nuestro país, como son el nombre, la bandera y el himno, que no son suyos, sino de todos los que vivimos en esta bendita tierra.
En tercer lugar, los ciudadanos españoles le han dicho al PP y a VOX que no quieren su España, y por eso no han logrado la mayoría para formar un gobierno que hubiera sido la vergüenza de Europa, como son la vergüenza de España los pactos que han alcanzado en varias autonomías para devolverlas a los tiempos de Espartero. Ahora, el PP intenta convencer a la sociedad española, poniendo en jaque, además, al propio Rey, de que la lista más votada tiene el derecho a gobernar, cosa que no se dice en ningún apartado de nuestra Constitución y que es, por supuesto, una soberana mentira más que nos intenta colar Alberto Núñez Feijóo.
Y en cuarto lugar, es deber del PSOE y de su Secretario General, Pedro Sánchez, intentar formar un gobierno con los apoyos de aquellas fuerzas progresistas que permitan que este país siga avanzando hacia un futuro donde la libertad y el entendimiento sean la base de una democracia madura y plena. En la Unión Europea, veían el acecho de la extrema derecha a lomos de derecha extrema con mucho temor, y se han sentido aliviados de que la mayoría de los españoles haya optado por otra opción para llevar las riendas del país.
Y no se dejen engañar cuando oigan voces que tilden de comunistas, terroristas, separatistas y toda clase de epítetos épicos maledicentes, al futuro gobierno, porque esas voces provienen de los partidos de la extrema derecha (PP y VOX) que representan a “esos” que siempre estuvieron maltratando a nuestra tierra y a nuestra gente, asustándola con el infierno o con la cárcel, o con las dos cosas, que a la hora de amenazar no les duelen prendas; “esos” que no soportan que las personas opten por una u otra opción sexual, machistas hasta la médula y que se han opuesto siempre a que el trabajador español adquiriera la base de toda persona con criterio, libertad y cultura, porque “esos” prefieren ciudadanos sumisos e incultos a los que poder manipular para perpetuarse en el poder. Y a todos “esos”, hemos de decirles de una vez por todas que no los queremos, que su España no es nuestra España, y que escuchen la voz estridente y clara que les grita desde el alma, con toda su fuerza, ¡BASTA!
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