Jueves, 04 de Junio de 2026

Joan Banyuls
Martes, 22 de Noviembre de 2022

Contigo... ¡pan y cebolla!

Opinió, per Joan Banyuls.

[Img #67328]El señor Llopis, de profesión jubilado, salió a pasear antes de cenar como solía hacer todos los días. Era sábado y un viento cortante molestaba un poco, aunque eso no le disuadió de su intención y a los pocos minutos había ya enfilado el Passeig de les Germanies hacia la pasarela situada al principio del mismo. Al llegar a la plaza del Tirant le llamó la atención el trasiego de gente que entraba y salía de la misma, así como un barullo de voces que le hizo sospechar que algún acto estaba por comenzar.

 

“¡Qué bien! -pensó el paseante- A lo mejor tengo suerte y es un concierto de jazz o de rock, o, mejor, igual hoy actúa algún monologuista.” Y viendo una silla vacía en el extremo de la octava fila, se dirigió “xino, xano” a ocuparla sin hacerse más preguntas. El escenario se hallaba vivamente iluminado y constaba de un atril con su correspondiente micrófono. Por lo demás, pancartas azules con el logotipo de la gaviota y unas letras gemelas, PP, además de una pantalla en la cual podía leerse “190 días para el cambio!".

 

El señor Llopis, aunque apolítico hasta las cejas conocía al dedillo toda la actualidad municipal, autonómica y estatal, no en vano en los diez años que llevaba de retiro su principal ocupación matutina era ir la biblioteca de Gandia para leerse, de cabo a rabo, toda la prensa que cayera en sus manos, por lo que no le resultó difícil deducir que se encontraba en la presentación del nuevo candidato local del partido de la derecha, como ya conocía por haberlo leído en el periódico esa misma mañana.

 

Iba a levantase para irse de allí, cuando la música estridente que siempre acompaña al partido de la gaviota -papá, papá, paparapapá- le detuvo su intento y tuvo que tragarse toda la fanfarria y los discursos que vinieron después. Cuando se levantó para volver a su casa iba pensando que desde que José Vicente Sáenz de Juano fue desfenestrado porque sí, el PP no daba una a derechas (valga la paradoja). Candidatos puesto a dedo y sacados a garrotazos había habido unos cuantos. “Lo normal es que el afectado o afectada se pillara un rebote de narices e hiciera la puñeta al nuevo postulante fundando un nuevo partido”, recordó el señor Llopis.

 

Pero este caso era diferente, porque el candidato borrado había rendido pleitesía a su nuevo amo y jurado lealtad hasta el final. ¿No sería que tanto a Sáenz de Juano (empresario), Rosa Fuster (médico) y Fernando Mut (arquitecto), no los iban a acallar con algún carguito institucional, porque podían ganarse la vida fuera de la política?¿No sería que el acto de masoquismo político del otrora candidato Víctor Soler tenía causa y efecto porque era licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración, y no veía otra plaza en la que poder torear? El señor Llopis movió la cabeza en un gesto de resignación, y cuando se disponía a abandonar la plaza se encontró con que le tendía la mano el nuevo candidato, Juan Carlos Moragues, que en ese momento se daba un baño de masas entre la militancia. El anciano le apretó la mano con energía y, acercando su boca al oído del exconseller le espetó: “Juan Carlos, bonico, compra't un casco.”

 

Y mientras el candidato azul se quedaba aturdido y confuso, el señor Llopis se dio la vuelta y se largó de allí mientras murmuraba “¡No tenen remei!” (“Aquí las sonrisas son puñales, y derraman sangre los que por la sangre están unidos”, Macbeth, de William Shakespeare)

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