Jueves, 04 de Junio de 2026

Juan Vicente Yago
Miércoles, 17 de Agosto de 2022

El calor

Opinió, per Juan Vicente Yago.

[Img #64108]Nos informan del calor. El calor en verano es noticia —como el embuste repetido fue verdad en tiempos de locura y pesadilla— porque lo quiere la duma, el soviet, la cúpula —del trueno—. El calor es la noticia, y por eso no hay noticia fuera del calor. Nos van desgranando el calor por circunscripciones; nos lo van contando al detalle, de un rincón a otro, dilapidando corresponsalías y enviados especiales; nos van persuadiendo, a base de insistencia, de que nada nos incumbe tanto como el calor, la calina, el bochorno insoportable que nos hace.

 

Así no tienen que decirnos —ni nosotros, bobos de Coria, exigimos que nos digan— por qué se lleva el estado su buena pelucona, su realote de vellón por cada litro de carburante; ni por qué pagamos IVA si antes de cobrar nos descuentan el IRPF. Como tampoco nos dicen por qué no está dispuesto el gobierno de las muchedumbres —el frente, la fuerza, la filfa popular, populisista, populosoide— a rebajar un sólo céntimo la dentellada fiscal. Se ha decidido que la cuestión del momento, el tema candente —nunca mejor dicho— es el calor.

 

No son los precios triplicados, ni la familia sitiada, ni la política podrida, ni el abyecto pornoestrago, ni nada: es la canícula, el calor y el intenso prurito social de aliviarlo en la playa —como si no supiéramos todos que a la playa, más que a combatir el calor, va la gente a enseñar el culo—. Nos envuelven la caña que nos dan —el bambú que nos arrean, la carnaza que nos echan, el matarile rancio y marxista que nos atizan— en la torta rijosa del voyeurismo, la crápula y el delirio. Un kebab irresistible para los paladares infantilones, atolondrados y anarcoflautas.

 

A diferencia de otros países, aquí no se investigan las responsabilidades civiles y penales de los malos gobernantes; aquí se les deja ir, huir, saltar a la espesura de la resignación y el olvido con paga vitalicia, momio de por vida y ahí me las den todas. Aquí no se rinden cuentas del cinismo, ni del petardo, ni de la mismísima quiebra nacional. Aquí ha de preocupar y se decreta que preocupe —mediante ley aprobada en el parlamento paralelo de la tabarra televisiva— el calor, el vulturno, el espantoso achicharramiento de cada verano.

 

Se impone hablar del calor, debatir el calor, analizar el calor, sorprenderse del calor; y si todavía no se ha culpado al calor de la catástrofe moral, económica y política de la Españona es por un vestigio de vergüenza torera conservado entre los pliegues del andrajo administrativo; vergüenza que, sin embargo, no impide que sus poltroneces nos endiñen el gabelazo del carburante; ni que la prensa nos cuente lo que dicen los políticos en las comparecencias, cuando debiera contarnos lo que no dicen y por qué no lo dicen.

 

En esta noticia tonta del calor estival se cifran las mofas del poder a la multitud, a la plebe, a la chusma que no cambia de coche porque vale mucho y marcha camino adelante con la petroliera, con el cacharro, con la chatarra de los noventa que funciona como nunca. Que se gasten los ahorros; que se lo compren eléctrico y que dejen el crudo para los barcos y los aviones. Y mientras nos aherrojan libertades y nos acorralan criterios nos hablan o hacen que nos hablen del calor.

 

Porque resulta que hace calor en verano, que suben las temperaturas en junio, fenómeno cuyo interés natural eclipsa o debería eclipsarnos los precios desorbitados, las herencias imposibles, las vidas arruinadas y los autónomos amarrados al remo tributario. De modo que no culpemos de nuestra estrechez al desmesurado armatoste burocrático, ni a la gestión errática, ni al jolgorio bolchevique, ni a la dimisión ficticia, ni al muladar ideológico: la culpa es del cambio climático, del calor extremo que nos funde la mollera y nos deforma tanto la perspectiva que no vemos el beneficio, la bondad, la liberación y el nirvana de las chanclas y la camiseta de tirantes, de la sumisión y el bocadillo patriótico, de la choza, el taparrabos y la propulsión etílica. El calor nos hace ver problemas donde no los hay: corrupciones donde hay honradeces, arribismos donde hay probidades e insolencias donde hay abnegaciones.

 

El calor veraniego nos confunde —qué nos haría un calor invernizo—; nos llena las circunvoluciones de sospechas y marimantas; nos conduce a la tiniebla de la intriga y el inconformismo. Pero no perdamos la calma; no nos dejemos llevar; detengámonos un momento, miremos el informativo y comprobaremos que todo es ficción salvo el calor.

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