Jueves, 04 de Junio de 2026

Joan Banyuls
Viernes, 31 de Julio de 2020

El rey de copas

Opinió, per Joan Banyuls.

[Img #40294]Hace unos días publicó el exalcalde de Gandia, Arturo Torró, un artículo en la edición local de un conocido diario valenciano sobre el rey emérito y la institución monárquica. Vaya por delante que el Sr. Torró tiene todo el derecho de defender a la monarquía, tanto como yo el de apoyar un régimen republicano, aunque su forma de hacerlo sea un tanto peculiar ya que, así lo entendí yo, le pedía al anterior rey, Juan Carlos I, que se hiciera el harakiri para salvar el honor de la dinastía borbónica y, de paso, asegurar el trono de su hijo y de su nieta. No le falta razón a Arturo, aunque si echamos una mirada a la Historia veremos que ha habido bastante reyes (los borbones casi todos) que han mancillado y arruinado el buen nombre de España y de los españoles, y que nunca merecieron el respeto y el cariño de su pueblo por el que jamás velaron. Repasemos, pues, a nuestros monarcas.

 

Carlos I de España y V de Alemania y su hijo, Felipe II, de la casa de Austria o Habsburgo, son considerados los reyes que mayor gloria dieron a nuestra nación. Evidentemente, con ellos España llegó a ser la primera potencia y el primer imperio de ámbito mundial, pero no todo fue de color de rosa, pues las múltiples guerras y conquistas dejaron al país endeudado hasta las cejas con los banqueros flamencos, alemanes y genoveses, que fueron los grandes beneficiados de todo esto. Los españoles, desde luego, no notaron ningún aumento en su calidad de vida. Felipe III y Felipe IV fueron dos zánganos que dejaron el gobierno en manos de sus validos, corruptos hasta las cejas, para dedicarse a la caza de animales y mozas, y mientras ellos disparaban y retozaban el país agonizaba con un sistema de gobierno en el cual prevalecía el amiguismo y el soborno a la capacidad y a la honradez. ¡Así les fue a los españoles!

 

A Carlos II, último Austria, no se le puede imputar mala fe en ninguno de sus actos, porque, más que probablemente, en la actualidad hubiera sido declarado incapaz para el puesto que ocupó en aquellos tiempos. Fallecido éste sin descendencia, empezaron las bofetadas para sustituirlo: con los franceses apretando de lo lindo, y los británicos haciendo fuerza para que fuera su candidato, el archiduque Carlos de Austria el elegido (más que nada para fastidiar a Luis XIV), al final el Rey Sol se salió con la suya y nos colocó a su nieto, Felipe de Anjou, primer Borbón de la historia en ocupar el trono español. Felipe V fue un rey depresivo y meláncolico, que si bien no cometió grandes desmanes, tampoco acertó en mejorar la vida de sus súbditos. Tuvo un largo reinado de más de cuarenta años, aunque en dos partes (abdicó en favor de su hijo Luís I, el cual falleció a los ocho meses de acceder al trono, por lo que su padre recuperó el cetro).

 

A su muerte le sucedió su hijo, Fernando VI, tan melancólico y depresivo como su padre, al cual le tiraba más su mujer, Bárbara de Braganza, y la caza, que el gobierno. Murió poco después de fallecer su mujer, sin descendencia, por lo que accedió al trono su hermano, Carlos III. Este es uno de los pocos borbones a los que se podría salvar de la quema, y aunque le gustaba más el arte cinegético que trabajar, por lo menos encomendó el gobierno a ministros capaces e ilustrados, como Campomanes, el conde de Aranda, Floridablanca o Esquilache, y España mejoró un poco. En su debe, que casi acaba con la población de venados y otras especies con su manía de darle al trabuco.

 

Ahora bien, como lo bueno dura poco, después su fallecimiento nos encontramos con su hijo Carlos IV, un hombre con muy pocas luces en el siglo de la idem, cuya esposa, María Luisa de Parma, le ponía los cuernos con un tal Manuel Godoy, al que hicieron ministro plenipotenciario y cuyos tejemanejes llevaron a España a ser invadida por Napoleón, y mientras los españoles se las tenían tiesas con los gabachos, el monarca y su familia se quedaron a vivir en Francia, mientras le cedían la corona al hermano de Bonaparte, de nombre José, el cual era bastante más listo y capaz que los titulares.

 

Pero como Napoleón no pudo consolidar la conquista, el nuevo rey se tuvo que largar y lo que nos llegó fue peor que cólera: Fernando VII. Este es el peor rey con diferencia que haya podido tener España y me atrevería a decir que otros muchos países. En su reinado no solo se conculcaron las libertades que las Cortes de Cadiz habían plasmado en la Constitución de 1812, en la cual se ciscó Fernandito, sino que se le independizaron las colonias de América, además de otras muchas barbaridades que hicieron que se ganara el apodo de “el rey Felón”. Bien merecido.

 

Como no se aclaró lo suficiente a la hora de nombrar sucesor (que si mi hija, que si mi hermano), por su culpa en el Siglo XIX España vivió tres guerras civiles (las carlistas) que desangraron al país. Isabel II, su sucesora, fue todo lo contrario de su antepasada, Isabel la Católica, pues fue tan casquivana la primera, como pía la segunda. Gobernar, no gobernó nada. Ni la enseñaron, ni quiso enseñarse, pero como la habían casado a la fuerza con un primo suyo, Francisco de Asís, cuya homosexualidad le impedía cumplir con los deberes conyugales, la reina se dedicó a buscar el cariño entre los oficiales (y algún que otro soldado raso) de su ejército. De hecho, es muy probable que Alfonso XII sea hijo de un militar valenciano nacido en Ontinyent, Enrique Puigmoltó (conocido como el general bonito), que por lo menos aportó algo de apostura a la dinastía borbónica, cuyos miembros hasta el momento habían salido bastante feos.

 

A Isabel II la expulsaron de España y trajeron a un señor italiano, Amadeo de Saboya, que reinó dos años (mientras vivió el general Prim), y cuando éste regresó a Italia se instauró la Primera República, que duró un año, hasta que trajeron de vuelta a Alfonso de Borbón y Borbón (o Puigmoltó). Alfonso XII reinó durante 11 años, muriendo de tuberculosis a los 27. Después de la muerte de su primera esposa, María de las Mercedes de Orleans, el monarca se consoló con otras señoras, bastantes, a pesar de que rápidamente le buscaron una nueva reina, María Cristina. De Alfonso XIII, su hijo, de Juan de Borbón, su nieto, y de Juan Carlos de Borbón, su biznieto, ya conocen sus historias, y no son, precisamente, buenas historias. Los errores del primero le llevaron al destierro y a la Segunda República, concluyendo todo en una guerra civil infame y en el régimen dictatorial de Franco. Pero eso es otra historia, que contaremos otro día.

 

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