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Día Martes, 30 de Junio de 2026
No es mi intención hablar sobre el coronavirus Covid-19 desde el punto de vista médico, ni de si las medidas adoptadas han sido buenas o malas, o de si se ha habido falta de previsión o no, pues seguro que de eso ya estarán informados por personas que saben mucho más que yo del asunto. Pero no quiero dejar pasar la ocasión para hacer hincapié en un hecho que traspasa la mera enfermedad en sí, que va más allá de las desgraciadas muertes, y que se refiere a la oportunidad que se le ha presentado a aquellas formaciones políticas que aprovechan cualquier suceso para sacar rédito político, sin ningún tipo de ética ni moral.
Esta crisis causada por la infección nos ha cogido a todos por sorpresa, porque nadie hubiera podido imaginar una situación como la actual hace apenas tres meses. Para que me entiendan, si en Navidad alguien nos hubiera dicho que en 2020 se iba a suspender las Fallas, la Semana Santa, las ligas de fútbol y de todos los demás deportes, Olimpiada incluida, y que además de cerrar bares y tiendas nos confinarían en casa, habríamos pensado que se trataba de un demente. En momentos así, de emergencia nacional, se espera de los ciudadanos y partidos políticos grandeza de miras, unión para tratar de aunar esfuerzos y solidaridad para con la nación que conformamos todas las personas que en ella vivimos.
Así sucedió en la Segunda Guerra Mundial y en muchas otras ocasiones en las que nuestro modo de vida ha sido puesto en peligro, siendo la mayoría de la gente la que ha demostrado un coraje y una entereza sublimes. Pero siempre hay alguien dispuesto a sacar ganancias en río revuelto, y en eso la derecha y la extrema ídem de este país son expertos, aunque nunca pensé que podrían caer tan bajo.
Si se mi permite la comparación, salvando las distancias, están haciendo lo mismo que el NSDAP (Partido Nazi) en Alemania después de la crisis de 1.929. Les voy a contar que sucedió: en aquellos tiempos los nazis eran un partido testimonial en el parlamento de la República de Weimar, pues en las elecciones celebradas en el mes de mayo de 1.928 sólo habían conseguido un 2'6 % de los votos y 12 diputados de los 491 de que se componía la cámara, mientras el KPD (Partido Comunista Alemán) contaba con 54 escaños y destacaba como el partido comunista con más fuerza del mundo, después, claro está, del de la URSS.
Tras el hundimiento de Wall Street en 1.929 y la consecuente crisis económica, que dejó a Alemania con unas cifras de parados nunca vistas y con la pobreza rascando en las puertas de la clase media alemana, Hitler inició una campaña de acoso y derribo contra la república, mintiendo descaradamente a través de sus órganos de prensa y de periodistas comprados, y promoviendo acciones contra comunistas y socialistas, mientras alertaba del Armagedón que iba a llegar si los mencionados se hacían con el poder.
Como se ve las “fake news” no son una invención reciente. A todo esto, los dirigentes nazis en su mayoría provenían de otros partidos donde no les habían dado bola, aunque también había unos cuantos que se subieron al carro que vieron que avanzaba con más fuerza. Allan Bullock, biógrafo de Hitler, dice de éste que “solo un partido como aquél (el nazi), que comenzaba en el nivel ínfimo de la política, podía ofrecerle la oportunidad de desempeñar un papel directivo y permitirle imponer sus ideas.
En las formaciones políticas tradicionales no había lugar para él: nunca hubiera dejado de ser una nulidad”. Con esta táctica en las elecciones de 1.930 los nazis consiguieron 107 diputados, 230 escaños en las de 1.932, y tocaron techo en las elecciones de marzo de 1.933 con 288 puestos en el parlamento (no cuento ni las elecciones de noviembre de 1.933, ni las de 1.936, donde el partido de Hitler consiguió más del 90 % de los votos, porque con el Führer ya instalado en el poder los pucherazos son más que evidentes).
No me quiero extender más, pero el que tenga entendimiento podrá buscar las similitudes con la situación actual y la actuación de los partidos de la derecha y extrema derecha española, siempre teniendo en cuenta la sociedad en que vivimos actualmente. Todos esos personajes nazis, hoy en día, son considerados como traidores a Alemania por la mayoría de los ciudadanos, salvo para algunos nostálgicos descerebrados, que siempre los hay. Y, como nos ha enseñado la historia, a los traidores ni agua.
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