Jueves, 04 de Junio de 2026

Miquel À. Morant
Martes, 17 de Marzo de 2020

¡50 no són res!

Opinió, per Miquel Àngel Morant.

[Img #36723]Una respuesta para cada pregunta que le hacemos. Él siempre tiene un comentario para cada situación. Un remedio para casi todos los males. Horas de siesta que a veces sustituyen a noches enteras en vela. La fuerza de voluntad de un todopoderoso dragón y la humildad del Ratoncito Pérez, que con un diente se conforma para traerte un regalo.


De cuerpo pequeño, y culo respingón, siempre tiene un plato en la mesa para quien quiera venir a comer. Su sonrisa es eterna, no sabe no ser risueña. La energía de su mirada atraviesa los cristales de lo imposible, las paredes de lo incierto, las fronteras de la verdad. Ella siempre destruye todos los miedos, solo con estar a tu lado. Sus brazos sujetan el mundo que conocemos. Al menos, el de todas las personas que la vivimos. Siempre dispuesta a pasar desapercibida. Es su hora, la de su protagonismo.


Hace 55 años que se conocieron. Por casualidad, sus hermanos también fueron pareja. La hermana de ella, con el hermano de él. Muy al estilo “7 novias para 7 hermanos”, pero en versión reducida. Venían de una juventud dispar, pero con el denominador común de la España oscura que empezaba a caminar hacia tonos más grises.  Nunca mejor dicho. Él veía muchos “grises” en las manifestaciones de las que acababa por salir corriendo para no quedarse a recibir “palos” en las “lecheras” de Gandia. Ella, en cambio, los sufría como niña mona que sale a pasear con sus hermanas. Pero la “mala leche”, en esta caso era cosa de mujeres. Como para decirles algo a las Vercher de Carcaixent. 


[Img #36722]La cosa es que hace 50 años, decidieron que juntos mejor que separados. Sus fuerzas se multiplicaban si las unían. Aquéllas distancias que les separaba, primero entre la capital de la Safor y el municipio de la Ribera Alta y luego con las temporadas estivales de trabajo de ella en L’Escala, provincia de Girona, no las iban a seguir soportando. Últimatum. O nos casamos o adiós. Y más, en esa España aún por asfaltar. Lo que la sociedad de hoy ha ganado en infraestructuras y vías de comunicación, lo ha perdido en lealtad, fidelidad y compromiso. 

 

La cosa es que ellos, Pep y Vicen, Morant y Vercher, siguen ahí, al pie del cañón. Juntos, a pesar de las hostias de la vida, las consagradas y las otras. No han perdido nunca el norte, ni la referencia de a quien querían tener al lado. Han superado divorcios tóxicos a su alrededor, enfermedades que le dolían a ella y las sufría él y al revés. Partos, niños y niñas, pérdidas dolorosas demasiado tempranas, crisis, noches de no saber cómo pagar la hipoteca, jornadas de trabajo de 18 horas, años sin ver crecer a diario a los hijos… Y con todo, siguen ahí. El uno junto a la otra. Y al revés. 


¡Per molts més anys, pares! ¡50 no són res! 

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