Miércoles, 22 de Julio de 2026

Juan Vicente Yago
Miércoles, 13 de Marzo de 2019

Superatareados, infrainstruidos

Opinió, per Juan Vicente Yago.

[Img #27070]Óscar Wilde afirmó, en la segunda parte de su ensayo El crítico como artista, que “vivimos en la época de los superatareados y los infrainstruidos; una época en que la gente trabaja tanto que acaba por volverse irremediablemente estúpida”. Está claro que se refería, en 1891, al trabajo asalariado, a las horas del día que uno vende para ganarse la vida; y que consideraba el ocio como una oportunidad para el desarrollo intelectual. Es muy probable, por tanto, que no sospechara siquiera el extraordinario valor profético de aquel enunciado, la exactitud y el alcance que tendría como diagnóstico para nuestro siglo XXI.

 

Las multitudes de 2019, como las de 1891, trabajan demasiado. Gran parte de la ciudadanía contemporánea boga, como la decimonónica, entre ocho y diez horas cada jornada en la galera de turno. Los horarios, en un mundo completamente informatizado, son tan irracionales y tan poco prácticos como en la centuria del bastón y el tílburi. Pero el ocio con el que contaba Wilde, aquel ocio de calidad, introspectivo y silencioso unas veces, conversacional y sociable otras, que servía como antídoto contra el embrutecimiento del trabajo en demasía, ya no existe. Los teléfonos móviles lo han acaparado, y la muchedumbre se afana sin descanso atendiendo los requerimientos de las pantallas. La sociedad entera está engolfada en los whatsapps, los tuits, las entradas de Facebook y los correos electrónicos.

 

El género humano vive abrumado por un trabajo incesante, agotador y a tiempo completo. El homo sapiens ofrece la melancólica estampa de un ser atosigado por una labor ímproba, ininterrumpida y gigantesca, por un tamborileo febril sobre pantallitas de colores, por una criba incesante de mensajes, mensajitos y mensajurrios, combinada con una producción inmensa y un envío compulsivo de lo mismo.

 

La masa tiene hipotecado el tiempo libre; vive aherrojada con las mil y una banalidades de su pequeño centro de comunicaciones; anda superatareada reportando sus experiencias y escudriñando las de los demás, tan ocupada en tonterías que ha llegado al nivel intelectual más bajo de la historia. Lo demuestran los índices de lectura, las preferencias televisivas, las redacciones de los estudiantes, la oralidad popular y los rótulos de los informativos.

 

Atravesamos, como decía Wilde, una época de superatareados infrainstruidos. El exceso de trabajo estupidiza hoy como hace un siglo; con el agravante, que hubiera sorprendido al autor de El Retrato de Dorian Gray, del trabajo después del trabajo, del continuo quehacer electrónico, de la fatigosa exhibición de las mil y una sandeces cotidianas, del empeño colectivo en alcanzar la más profunda infrainstrucción.

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