Raúl Antón: 'La clave del monólogo está en la cercanía con el público'
El cómico valenciano actuó el sábado pasado en el Teatro Gandia Palace, en la playa de Gandia, con un aforo prácticamente completo, o como él dice, en una expresión que suele utilizar en sus monólogos, «petao». En Onda Cero Gandia mantuvo esta entrevista.

Continúa con paso firme en esto del humor. ¿Cómo empezó?
–Yo empecé a hacer monólogos hace casi diez años y a vivir o «malvivir» de esto, porque es algo que me gusta pero, aunque la gente piense que es fácil, muchas veces es complicado mantener una estabilidad. Cuando empiezas tienes que hacer minutos por ahí, medias partes, ir acompañado de otro humorista, para actuar… Los inicios son difíciles hasta que tienes un espectáculo sólido. Pero de momento, sigo, aunque a largo plazo no me planteo nada, porque quién sabe. Además, hace casi dos años que hago vídeos en Youtube, pero es mucho mejor el directo.
Bueno, seguro que le quedan muchos años más, aunque también es importante el «carpe diem», ¿verdad?, es importante que el público valore todo lo que el humorista aporta en esos espectáculos...
–Sí, es gratificante sobre todo cuando viene alguien a verte a la sala o incluso cuando ha visto un vídeo mío en Youtube y me dice, aunque sea en un mensaje privado, que se lo pone cuando está mal, para animarse. Entonces es cuando valoras la importancia que tienes para esa persona, porque yo muchas veces improviso y no soy consciente de eso.
¿En qué se basan sus espectáculos?
–En general hablo de cuestiones sociales, de la familia, pero siempre que actúo por la Comunitat Valenciana hablo de «particularidades valencianas» (risas). Por ejemplo hago referencias a la «ruta del bakalao», o a la paella, sobre la que me dicen que grabe un vídeo pero es un texto que me gusta más para teatro y no creo que lo haga. Creo que la clave está en la cercanía; no es un espectáculo para observar y ya está, como si fuera una función de teatro, sino para participar y compartir, aunque no intervengan. Lo mejor es establecer un diálogo con el público y notar que se ríen.
¿Cómo se siente uno cuando hace reír a la gente?
–Bueno, muy feliz, pero quizá podría responderte cómo se siente uno cuando no hace reír a la gente. Por fortuna, la gente que viene a verme ya va muy predispuesta, pero a veces me pasaba, sobre todo antes, llegar a una sala o a las fiestas de un pueblo y no arrancar una sonrisa. Pero yo lucho en todos los bolos como si fuera el último, ¡no me rindo nunca!

Continúa con paso firme en esto del humor. ¿Cómo empezó?
–Yo empecé a hacer monólogos hace casi diez años y a vivir o «malvivir» de esto, porque es algo que me gusta pero, aunque la gente piense que es fácil, muchas veces es complicado mantener una estabilidad. Cuando empiezas tienes que hacer minutos por ahí, medias partes, ir acompañado de otro humorista, para actuar… Los inicios son difíciles hasta que tienes un espectáculo sólido. Pero de momento, sigo, aunque a largo plazo no me planteo nada, porque quién sabe. Además, hace casi dos años que hago vídeos en Youtube, pero es mucho mejor el directo.
Bueno, seguro que le quedan muchos años más, aunque también es importante el «carpe diem», ¿verdad?, es importante que el público valore todo lo que el humorista aporta en esos espectáculos...
–Sí, es gratificante sobre todo cuando viene alguien a verte a la sala o incluso cuando ha visto un vídeo mío en Youtube y me dice, aunque sea en un mensaje privado, que se lo pone cuando está mal, para animarse. Entonces es cuando valoras la importancia que tienes para esa persona, porque yo muchas veces improviso y no soy consciente de eso.
¿En qué se basan sus espectáculos?
–En general hablo de cuestiones sociales, de la familia, pero siempre que actúo por la Comunitat Valenciana hablo de «particularidades valencianas» (risas). Por ejemplo hago referencias a la «ruta del bakalao», o a la paella, sobre la que me dicen que grabe un vídeo pero es un texto que me gusta más para teatro y no creo que lo haga. Creo que la clave está en la cercanía; no es un espectáculo para observar y ya está, como si fuera una función de teatro, sino para participar y compartir, aunque no intervengan. Lo mejor es establecer un diálogo con el público y notar que se ríen.
¿Cómo se siente uno cuando hace reír a la gente?
–Bueno, muy feliz, pero quizá podría responderte cómo se siente uno cuando no hace reír a la gente. Por fortuna, la gente que viene a verme ya va muy predispuesta, pero a veces me pasaba, sobre todo antes, llegar a una sala o a las fiestas de un pueblo y no arrancar una sonrisa. Pero yo lucho en todos los bolos como si fuera el último, ¡no me rindo nunca!




























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