Santa Maria, un monasterio en precario
Editorial.
El Monasterio de Santa Maria, en Simat de la Valldigna, ha sido noticia en los últimos días por la falta de mantenimiento del recinto: los jardines están descuidados, la Fuente de los Tritones está averiada, el interior de la iglesia presenta humedades, y además faltan algunas rampas para evitar barreras arquitectónicas.
A esto se le suma la falta de actividades culturales que dinamicen la llegada de turistas, más allá del programa de visitas guiadas o teatralizadas que organiza la Conselleria de Cultura, de quien depende el monumento. Por otra parte, se invierte en trabajos arqueológicos, pero a un ritmo más lento de lo deseado.
El programa de restauración arquitectónica tampoco estuvo libre de polémica. Algunos medievalistas, pese a defender la tendencia moderna de las rehabilitaciones consistente en diferenciar claramente qué es original y qué no, piensan que en su día se hizo una reproducción demasiado simplista de algunas piezas, para definirlo con palabras gruesas, como si se tratara de un «Exin Castillos», aquél juego infantil de los años 80.
Es cierto que el punto de partida cuando lo compró la Generalitat en 1991 no era el mejor. El monasterio, que había sufrido algunos terremotos en la Edad Media, ya había sido víctima del saqueo y el expolio desde la desamortización de 1835 y la salida de los monjes, así como la posterior transformación en una explotación agrícola. Muchos edificios fueron derribados y algunas piezas viajaron lejos, la Fuente de los Tritones a Valencia, y el claustro del Palau de l’Abat, al Canto del Pico.
Y por supuesto no ha ayudado la gestión de la Fundació Jaume II el Just, ya liquidada e investigada en la Operación Taula, que ha sido una rémora para el buen funcionamiento del monasterio. Hay que recordar, ahora que se celebrará el 9 d’Octubre, que el artículo 54 del Estatut blinda el recinto, al decir que la Generalitat «recuperará, restaurará y conservará el monasterio y protegerá su entorno paisajístico». Por lo tanto, Santa Maria y el turismo de la Valldigna se merecen que se solucionan lo antes posible estos problemas, e inversiones más ambiciosas en mantenimiento, en patrimonio y en gestión cultural.
El Monasterio de Santa Maria, en Simat de la Valldigna, ha sido noticia en los últimos días por la falta de mantenimiento del recinto: los jardines están descuidados, la Fuente de los Tritones está averiada, el interior de la iglesia presenta humedades, y además faltan algunas rampas para evitar barreras arquitectónicas.
A esto se le suma la falta de actividades culturales que dinamicen la llegada de turistas, más allá del programa de visitas guiadas o teatralizadas que organiza la Conselleria de Cultura, de quien depende el monumento. Por otra parte, se invierte en trabajos arqueológicos, pero a un ritmo más lento de lo deseado.
El programa de restauración arquitectónica tampoco estuvo libre de polémica. Algunos medievalistas, pese a defender la tendencia moderna de las rehabilitaciones consistente en diferenciar claramente qué es original y qué no, piensan que en su día se hizo una reproducción demasiado simplista de algunas piezas, para definirlo con palabras gruesas, como si se tratara de un «Exin Castillos», aquél juego infantil de los años 80.
Es cierto que el punto de partida cuando lo compró la Generalitat en 1991 no era el mejor. El monasterio, que había sufrido algunos terremotos en la Edad Media, ya había sido víctima del saqueo y el expolio desde la desamortización de 1835 y la salida de los monjes, así como la posterior transformación en una explotación agrícola. Muchos edificios fueron derribados y algunas piezas viajaron lejos, la Fuente de los Tritones a Valencia, y el claustro del Palau de l’Abat, al Canto del Pico.
Y por supuesto no ha ayudado la gestión de la Fundació Jaume II el Just, ya liquidada e investigada en la Operación Taula, que ha sido una rémora para el buen funcionamiento del monasterio. Hay que recordar, ahora que se celebrará el 9 d’Octubre, que el artículo 54 del Estatut blinda el recinto, al decir que la Generalitat «recuperará, restaurará y conservará el monasterio y protegerá su entorno paisajístico». Por lo tanto, Santa Maria y el turismo de la Valldigna se merecen que se solucionan lo antes posible estos problemas, e inversiones más ambiciosas en mantenimiento, en patrimonio y en gestión cultural.


























