Sábado, 18 de Julio de 2026

Joan Banyuls
Miércoles, 19 de Septiembre de 2018

Orengo

Opinió, per Joan Banyuls.

[Img #22352]Hace unos días se hacía pública la retirada de la política del exalcalde de Gandia José Manuel Orengo Pastor, uno de los personajes públicos cuya importancia y trascendencia se ha visto siempre difuminada por su particular estilo y su natural humildad, pero cuya capacidad de negociación y su agudeza a la hora de encauzar determinados acontecimientos es bien conocida por todos aquellos que han compartido equipo con él y, sobretodo, por quienes gozamos de su amistad desde hace muchos años.

 


Conocí a José Manuel Orengo cuando ambos teníamos nueve años, en el inicio del curso 1975-76 cuando a mi clase de ese año, la de 4º de EGB en las Escuelas Pías que tenía como maestro a Don Rafael Pla, llegó un alumno nuevo. Era un chico rubio que venía de Benipeixcar y que, según nos confesó años más tarde, esos primeros días se hallaba un poco cohibido ya que pensaba encontrarse rodeado de «niños pijos», acostumbrado como estaba a tratar con los chavales de su barrio. 

 


Enseguida pudo comprobar que eso no era cierto, y con esa naturalidad de la que siempre ha hecho gala en pocos días ya era un compañero más al que todos queríamos y respetábamos. Comenzó ese curso con Franco todavía dirigiendo los destinos de este país, pero a los pocos meses enfermó y pasó a mejor vida (él y nosotros). A partir de ese momento el mundo cambió para todos. De repente, los niños de aquellos años nos vimos envueltos en una serie de acontecimientos que muchas veces no alcanzábamos a comprender, y que culminaron con el fin de la dictadura y la llegada de la democracia. Ese período de tiempo es conocido como la Transición, pero a nosotros nos queda en el recuerdo como el paso de la niñez a la adolescencia.

 


Mi relación con José Manuel continuó a lo largo de todos aquellos años en el colegio y luego en el instituto, que casualmente por aquellos años se llamaba Francisco Franco, aunque todos evitábamos pronunciar el nombre del tirano y nos referíamos a él como el «Instituto Nuevo». De nuevo en 1º de BUP (Bachillerato Unificado Polivalente), nos juntamos en la misma clase, y Orengo continuó siendo el mismo, es decir, ni siquiera la adolescencia pudo cambiar su carácter abierto y sencillo. 

 


Era amigo de sus amigos, pero eso no te garantizaba que ante cualquier disputa te iba a dar la razón si no la tenías, aunque el litigio fuera con otro que no estuviera en su círculo de amistad. Jamás le vi alzar la voz, ni amenzar a nadie, ni mucho menos liarse a golpes o a empujones con un semejante. Su tranquilidad ponía un punto de cordura hasta cuando el perjudicado era él, y, sin embargo, a veces no moríamos de risa con sus ocurrencias, como la del día que apareció en el instituto montado en el motocultor de su padre, entró en el patio y se dio una vuelta por él ante el asombro de algún profesor que pasaba por allí.

 


De su trayectoria política no voy a hablar ahora, a pesar de que la vida también nos juntó a los dos en el PSPV-PSOE. Su labor queda ahí, a pesar de que la derecha de Gandia haya tratado de desprestigiar su persona y menospreciar su trabajo, llevándolo en numerosas ocasiones ante la Justicia, sin que nunca hayan conseguido que le condenaran por nada, porque nada había que condenar en sus hechos. José Manuel Orengo es un trabajador incansable y es evidente que el Partido Socialista pierde un gran valor con su marcha de la actividad política, aunque él es socialista, seguirá siéndolo y no dejará nunca en la estacada a sus compañeros, pero ante el desgaste de tantos años de lucha merece y necesita un descanso. Se va un hombre honrado, de los que, por desgracia, la política anda un poco escasa en estos últimos tiempos, aunque yo, egoistamente, me alegro: recupero a mi amigo. 

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