Nadie es imprescindible
Opinió, per Miquel Àngel Morant.
Antes de que lleguen las tormentas de septiembre, los fríos de octubre, los chaparrones de noviembre, las heladas de diciembre y el «huracán» de 2019, me gustaría desahogarme sobre algunos temas. Antes de que todos estos fenómenos marquen las conversaciones de ascensor de la ciudadanía y pille a los políticos a contrapié, one more time, quiero desvelar un secreto: Nadie es imprescindible. Si Cristiano Ronaldo, con todo lo que ha significado para el Real Madrid (y aunque a algunos nos pese, para el fútbol en general) ha salido por la puerta de atrás del club blanco, imagínense lo «imprescindibles» que son el resto de jugadores para esa institución. Eso sí, con 100 kilos de por medio, las despedidas se endulzan. Y todos contentos: los egos, los intereses, los proyectos deportivos y ¡Hala Madrid! O ¡Forza Juve!
El país, España, sin Mariano Rajoy, también sigue su marcha. Mociones de censura a parte y con las polémicas y amenazas de siempre al sistema, con el ruido de fondo que «arma» la oposición, en este caso los «renovados» populares con un Pablo Casado que será muchas cosas, pero nunca un «carca». A él no le gustan los temas del pasado que huelan a venganza ni a memoria histórica. Igual por eso no recuerda que para sacarse uno o siete másteres, los que te permitan tus influencias y tu bolsillo, hace falta trabajo, constancia e ir a clase.
Clases, colegios y niños: la vuelta al cole. De nuevo la polémica del estudio de las lenguas y cuánto tiempo le dedicamos a cada una de ellas. En nuestra tierra tenemos la suerte de poder estudiar dos lenguas maternas y al menos una extranjera. En esta misma columna, a veces he manifestado la suerte de tener una seña de identidad como el valenciano y escribir en la lengua de Joanot Martorell o Ausias March. Otras, como en esta ocasión, lo hago en castellano. No hay ninguna razón, más que la fluidez de un pensamiento mejor verbalizado (influencia de los planes de estudio tan politizados en España y en el País Valencià, mayoritariamente en castellano) me permite elegir expresarme en una lengua o en otra.
Pero creo que cada vez hay más gente a la que no entiendo. Sobre todo aquellos que pretenden imponer su castizo y anacrónico modo de ver las cosas y su monolingüismo «castellanista». A algunos les molestan las reivindicaciones de «provincias» porque dicen que ponen en peligro el uso y conocimiento del tercer idioma más hablado del mundo. Pero no les importa que el «spanglish» destroce la lengua de Vargas Llosa o Pérez Reverte convirtiéndola en la que se usa a modo de burla, para el humor simplón o para el reggaetón...
Y es que como decía, nadie es imprescindible. Mucho menos la gente que viene a obligarnos a hablar en un idioma que, como parte de un país (España) conocemos y hablamos cuando nos apetece, pero que como miembros de un pueblo históricamente relevante (País Valencià) podemos relegar a un segundo plano y hablar en una lengua propia. Además, suele coincidir que la gente que se indigna con que (les) hablemos en valenciano suele expresar con bastante soberbia que vivimos de «su turismo», «de su dinero gastado en nuestro territorio». Si tanto se molestan, que cambien de destino las próximas vacaciones. Seguro que nadie les extrañará. Porque nadie es imprescindible.
O sí. Y como excepción a la norma, imprescindibles fueron los bomberos, voluntarios, Policía, Guardia Civil y miembros de Protección Civil que ayudaron a gestionar el caos y que arrojaron luz ante tanta oscuridad y humo en el incendio de #IFLlutxent y que tanto ha afectado a los vecinos de las zonas perjudicadas y a su inmensa riqueza forestal. Las iniciativas como la de #MarxuqueraVerda deben ser impulsadas con toda clase de recursos para devolver lo antes posible la vida y la normalidad a un lugar que nunca debió ver alterada su paz.
Antes de que lleguen las tormentas de septiembre, los fríos de octubre, los chaparrones de noviembre, las heladas de diciembre y el «huracán» de 2019, me gustaría desahogarme sobre algunos temas. Antes de que todos estos fenómenos marquen las conversaciones de ascensor de la ciudadanía y pille a los políticos a contrapié, one more time, quiero desvelar un secreto: Nadie es imprescindible. Si Cristiano Ronaldo, con todo lo que ha significado para el Real Madrid (y aunque a algunos nos pese, para el fútbol en general) ha salido por la puerta de atrás del club blanco, imagínense lo «imprescindibles» que son el resto de jugadores para esa institución. Eso sí, con 100 kilos de por medio, las despedidas se endulzan. Y todos contentos: los egos, los intereses, los proyectos deportivos y ¡Hala Madrid! O ¡Forza Juve!
El país, España, sin Mariano Rajoy, también sigue su marcha. Mociones de censura a parte y con las polémicas y amenazas de siempre al sistema, con el ruido de fondo que «arma» la oposición, en este caso los «renovados» populares con un Pablo Casado que será muchas cosas, pero nunca un «carca». A él no le gustan los temas del pasado que huelan a venganza ni a memoria histórica. Igual por eso no recuerda que para sacarse uno o siete másteres, los que te permitan tus influencias y tu bolsillo, hace falta trabajo, constancia e ir a clase.
Clases, colegios y niños: la vuelta al cole. De nuevo la polémica del estudio de las lenguas y cuánto tiempo le dedicamos a cada una de ellas. En nuestra tierra tenemos la suerte de poder estudiar dos lenguas maternas y al menos una extranjera. En esta misma columna, a veces he manifestado la suerte de tener una seña de identidad como el valenciano y escribir en la lengua de Joanot Martorell o Ausias March. Otras, como en esta ocasión, lo hago en castellano. No hay ninguna razón, más que la fluidez de un pensamiento mejor verbalizado (influencia de los planes de estudio tan politizados en España y en el País Valencià, mayoritariamente en castellano) me permite elegir expresarme en una lengua o en otra.
Pero creo que cada vez hay más gente a la que no entiendo. Sobre todo aquellos que pretenden imponer su castizo y anacrónico modo de ver las cosas y su monolingüismo «castellanista». A algunos les molestan las reivindicaciones de «provincias» porque dicen que ponen en peligro el uso y conocimiento del tercer idioma más hablado del mundo. Pero no les importa que el «spanglish» destroce la lengua de Vargas Llosa o Pérez Reverte convirtiéndola en la que se usa a modo de burla, para el humor simplón o para el reggaetón...
Y es que como decía, nadie es imprescindible. Mucho menos la gente que viene a obligarnos a hablar en un idioma que, como parte de un país (España) conocemos y hablamos cuando nos apetece, pero que como miembros de un pueblo históricamente relevante (País Valencià) podemos relegar a un segundo plano y hablar en una lengua propia. Además, suele coincidir que la gente que se indigna con que (les) hablemos en valenciano suele expresar con bastante soberbia que vivimos de «su turismo», «de su dinero gastado en nuestro territorio». Si tanto se molestan, que cambien de destino las próximas vacaciones. Seguro que nadie les extrañará. Porque nadie es imprescindible.
O sí. Y como excepción a la norma, imprescindibles fueron los bomberos, voluntarios, Policía, Guardia Civil y miembros de Protección Civil que ayudaron a gestionar el caos y que arrojaron luz ante tanta oscuridad y humo en el incendio de #IFLlutxent y que tanto ha afectado a los vecinos de las zonas perjudicadas y a su inmensa riqueza forestal. Las iniciativas como la de #MarxuqueraVerda deben ser impulsadas con toda clase de recursos para devolver lo antes posible la vida y la normalidad a un lugar que nunca debió ver alterada su paz.



























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