Día Martes, 02 de Junio de 2026
Día Martes, 30 de Junio de 2026
Los ninis acrecientan su número. Los ninis han superado ya el 25% de la población juvenil en edad laboral. Los ninis detestan el estudio y aborrecen el trabajo. Los ninis van formando una mesnada ingobernable y grosera, un pelotón de proporciones alejandrinas que pronto será una pesadilla para el gobierno. Los ninis, producto de la inmadurez paternal, de los hogares vacíos y del pasmo cibernético, son ya un sector social hecho y torcido, una realidad bochornosa, un gremio sonrojante que, por desgracia, no tiene los contornos bien definidos. Las cifras oficiales no recogen todo el espectro nini: agazapados entre los pliegues de la sociedad hay más ninis, otros ninis, ninis rapagones, ninis en ciernes, ninis en potencia, ninis de tapadillo, ninis que no han alcanzado aún su plenitud —aversión total hacia el estudio y el trabajo—, pero les falta el negro de una uña.
Son los ninis que no estudian pero tampoco han salido al mercado laboral, los que han abandonado el estudio pero no las aulas, los que no estudian ni dejan estudiar; son el ninismo en agraz, las flores del mal nini, cuajadas con polen de mala educación. Los ninis maduros están censados, pero los otros no. Los otros ninis no los ha contado nadie todavía. No se sabe cuánto nini verde hay en el aulario nacional, por lo que no se puede calcular el volumen de la siguiente cosecha. Se ha descuidado la prospectiva en punto a ninis, y esto tendrá consecuencias.
Porque sin una previsión aproximada las medidas —de haberlas— no serán adecuadas; serán, a lo sumo, insuficientes o desproporcionadas. El poder, sin embargo, no parece preocupado. Ni las autonomías. Ni los ayuntamientos. Ni los colegios. Y mientras, brotan ninis, germinan ninis, proliferan ninis; ninis hongo que genera la tierra podrida y oscura de la desintegración familiar; champiñones nini que van al centro educativo a molestar, a deambular, a causar problemas, a descomponer el ambiente de trabajo y convertirlo en mantillo fértil para sus esporas.
El gobierno y las cátedras de Sociología se preocupan de los ninis en sazón, de los ninis que actúan —o mejor: no actúan— en la sociedad, pero no se fijan demasiado en los otros ninis, los ninis en trámite, que serán los atorrantes de pasado mañana. Desapercibidos y en infusión de orfandad, estos ninis amateur son los más alarmantes, porque van a desbordar el vaso que llenan los ninis profesionales.
Hay una burbuja nini como había una burbuja inmobiliaria. Y también estallará. Será un reventón sordo que salpicará los radicalismos ideológicos con mercenarios de diseño, ignorantes y acríticos, obedientes y maleables: gratuitos. Los otros ninis, los ninis que vienen, serán el ciudadano ideal, el modelo definitivo. Lo de ahora es un simple prototipo, aunque bastante logrado. George Orwell fue un ingenuo: la cosa es mucho más retorcida y sutil de lo que imaginó.
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