Día Martes, 02 de Junio de 2026
Día Martes, 30 de Junio de 2026
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Si analizamos las estadísticas, comprobamos que el invierno, pese a soportar índices de movilidad mucho más bajos que otras estaciones del año, se cobra un importante número de vidas en la carretera y una alta siniestralidad. El 31% de los fallecidos a 30 días corresponden a siniestros durante el invierno, y algo menos, un 30%, a heridos hospitalizados. Y es que conducir con climatología adversa añade un plus de peligrosidad a la conducción, dificulta las maniobras, lleva a situaciones delicadas y, a veces, dificíles de gestionar, sobre todo si no se hace una conducción mucho más prudente.
La lluvia es, sin duda, la situación climatológica que más incidencia negativa tiene en la siniestralidad. La segunda causa es la niebla y la tercera, por sorprendente que pueda parecer, es el viento. Como último factor de siniestralidad está la nieve.
En definitiva, el invierno, el suelo mojado, resbaladizo, las rachas de aire por sorpresa, las imprudencias al volante cuando el suelo no está para ‘florituras’, la velocidad no adaptada a las circunstancias del asfalto, la mala visibilidad, etcétera han generado en tres años casi 15.000 accidentes y se han cobrado 278 víctimas mortales y 1.357 heridos que nececitaron hospitalización.
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Cuando la climatología no es la mejor hay que conducir de forma diferente. Estas son algunas claves:
• Adaptar la velocidad al estado del suelo, la visibilidad, siempre menor a la habitual.
• Aumentar la distancia de seguridad para tener mayor capacidad de reacción.
• Llevar los neumáticos en perfecto estado: de lo contrario, los derrapes o distancia de frenado aumentarán.
• Evitar frenadas bruscas. Con suelo mojado, húmedo, nieve, hielo la distancia de frenado aumenta.
• Llevar siempre las luces encendidas. Conviene revisarlas para este período crítico.
• Hacer las maniobras sin brusquedad.
• Cuidar el buen funcionamiento del sistema de aireación interior para desempañar eficazmente los cristales.
• Llevar cadenas, porque nunca se sabe.
Las tecnologías que equipan muchos coches pueden contribuir a reducir el número de siniestros o su gravedad, pero tienen límites: ni los neumáticos invernales son capaces de no derrapar si la velocidad es excesiva, ni el ESP evitará la pérdida del control si la maniobra es muy severa, ni un sistema de mantenimiento del carril corregirá una maniobra muy brusca y a gran velocidad, ni la frenada de emergencia evitará que el coche frene a tiempo si se ha pasado pisando el acelerador.
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