Pierden la pista en África a las dos águilas pescadoras que migraron desde el marjal de Pego-Oliva
Se trata del segundo intento de la Generalitat por reintroducir las aves rapaces desde la Muntanyeta Verda. De las cuatro anteriores, dos murieron electrocutadas y de las otras dos se perdió la señal, sin que tampoco volvieran al marjal al nidificar.
La Conselleria de Territorio sigue pilotando el proyecto de reintroducción del águila pescadora en el marjal de Pego-Oliva, con el segundo intento, después de que el primero ofreciera unos resultados desalentadores. Hace un año llegaron al punto de cría de la Muntanyeta Verda tres nuevos polluelos, bautizados como Odiel, Bruc y Bullent. Este último murió de forma prematura. Las otras dos, una vez adultas, emigraron a África, desde donde se las ha seguido con el sistema GPS que llevan incorporado.
Según informa la Conselleria a través del boletín trimestral "Cròniques de la pescadora", Odiel se marchó el 12 de septiembre de 2020. Pero, desde el 14 de febrero se ha perdido su señal, así que, o bien le ha podido pasar algo, o el GPS se le ha caído. Los técnicos mantienen las esperanza de que alguien la vea volar y la identique con la anilla OVC que lleva en una de las patas. “Ese día será una fiesta, porque significará que esta viajera intrépida ha sobrevivido a su primer año”, apuntan. Respecto de Bruc, un macho, comenzó la migración el 8 de septiembre de 2020, y su señal se perdió cinco días más tarde en pleno desierto del Sáhara, por lo que no saben si lo ha cruzado, como suele ser habitual en el trayecto de estas aves.
Los técnicos advierten que la localización por GPS no es una ciencia exacta, pues recibir la señal depende mucho de la cobertura de telefonía móvil de la zona. A veces si atraviesan zonas sin cobertura pueden pasar días sin tener noticias. “E incluso es posible que finalmente decidan quedarse en una zona donde no llegue la señal, por lo que durante los meses en los que allí se encontrase no sepamos nada”, reconocen.
Primer intento
La voluntad es insistir hasta lograr que nidifiquen en el marjal, ya que su instinto les marca que vuelven al lugar donde nacieron, o al menos donde ellas piensan que nacieron, ya que los polluelos se trasladan de otras regiones con sumo cuidado, para que una vez en la Muntanyeta Verda la identifiquen como nido. Respecto del primer intento, en su migración y vuelo, las cuatro aves rapaces que se criaron y soltaron en la Muntanyeta Verda se toparon con el problema de las torres eléctricas. Dos murieron electrocutadas y a otras dos se les perdió la pista. Quillo murió en una torre de Fez (Marruecos), y Marina, en otra junto a la Albufera de Valencia, y, al parecer, la tercera, Luigi, también, porque desde el 28 de octubre de 2020 el GPS que lleva incorporado se ha detenido en el lago de Guiers, en Senegal (África). Por tanto, todo apunta a que murió.
Se contactó con el ornitólogo Jean-Marie Dupart, que vive a 150 kilómetros donde se recogió la última señal de Luigi. Dupart se desplazó hasta allí pero justo a 200 metros ya no pudo avanzar más, porque densa vegetación hacía inaccesible la zona. Observó varios torres eléctricas cercanas, por lo que opina que Luigi se electrocutó. Respecto de la cuarta, Lulú, también migró a África, hasta Argelia. Pero su última señal fue de noviembre de 2019, al sur de Marruecos, sin llegar a cruzar el desierto del Sáhara.
La muerte de Marina no fue en vano, ya que tras ella se han rectificado 310 postes eléctricos en el humedal de Oliva-Pego, para que no vuelva a suceder una fatalidad igual. La última vez que el águila pescadora se estableció en la Comunitat Valenciana fue en 1986, avistándose en el embalse de Beniarrés.
La Conselleria de Territorio sigue pilotando el proyecto de reintroducción del águila pescadora en el marjal de Pego-Oliva, con el segundo intento, después de que el primero ofreciera unos resultados desalentadores. Hace un año llegaron al punto de cría de la Muntanyeta Verda tres nuevos polluelos, bautizados como Odiel, Bruc y Bullent. Este último murió de forma prematura. Las otras dos, una vez adultas, emigraron a África, desde donde se las ha seguido con el sistema GPS que llevan incorporado.
Según informa la Conselleria a través del boletín trimestral "Cròniques de la pescadora", Odiel se marchó el 12 de septiembre de 2020. Pero, desde el 14 de febrero se ha perdido su señal, así que, o bien le ha podido pasar algo, o el GPS se le ha caído. Los técnicos mantienen las esperanza de que alguien la vea volar y la identique con la anilla OVC que lleva en una de las patas. “Ese día será una fiesta, porque significará que esta viajera intrépida ha sobrevivido a su primer año”, apuntan. Respecto de Bruc, un macho, comenzó la migración el 8 de septiembre de 2020, y su señal se perdió cinco días más tarde en pleno desierto del Sáhara, por lo que no saben si lo ha cruzado, como suele ser habitual en el trayecto de estas aves.
Los técnicos advierten que la localización por GPS no es una ciencia exacta, pues recibir la señal depende mucho de la cobertura de telefonía móvil de la zona. A veces si atraviesan zonas sin cobertura pueden pasar días sin tener noticias. “E incluso es posible que finalmente decidan quedarse en una zona donde no llegue la señal, por lo que durante los meses en los que allí se encontrase no sepamos nada”, reconocen.
Primer intento
La voluntad es insistir hasta lograr que nidifiquen en el marjal, ya que su instinto les marca que vuelven al lugar donde nacieron, o al menos donde ellas piensan que nacieron, ya que los polluelos se trasladan de otras regiones con sumo cuidado, para que una vez en la Muntanyeta Verda la identifiquen como nido. Respecto del primer intento, en su migración y vuelo, las cuatro aves rapaces que se criaron y soltaron en la Muntanyeta Verda se toparon con el problema de las torres eléctricas. Dos murieron electrocutadas y a otras dos se les perdió la pista. Quillo murió en una torre de Fez (Marruecos), y Marina, en otra junto a la Albufera de Valencia, y, al parecer, la tercera, Luigi, también, porque desde el 28 de octubre de 2020 el GPS que lleva incorporado se ha detenido en el lago de Guiers, en Senegal (África). Por tanto, todo apunta a que murió.
Se contactó con el ornitólogo Jean-Marie Dupart, que vive a 150 kilómetros donde se recogió la última señal de Luigi. Dupart se desplazó hasta allí pero justo a 200 metros ya no pudo avanzar más, porque densa vegetación hacía inaccesible la zona. Observó varios torres eléctricas cercanas, por lo que opina que Luigi se electrocutó. Respecto de la cuarta, Lulú, también migró a África, hasta Argelia. Pero su última señal fue de noviembre de 2019, al sur de Marruecos, sin llegar a cruzar el desierto del Sáhara.
La muerte de Marina no fue en vano, ya que tras ella se han rectificado 310 postes eléctricos en el humedal de Oliva-Pego, para que no vuelva a suceder una fatalidad igual. La última vez que el águila pescadora se estableció en la Comunitat Valenciana fue en 1986, avistándose en el embalse de Beniarrés.












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