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Día Martes, 30 de Junio de 2026
Encerrados permanecimos hibernando nuestros derechos y libertades durante el estado de alarma más allá de lo que resiste justificar el amparo de la Constitución. Meses en los que coartaron nuestras libertades ante la inacción inicial de los que antepusieron su clientelismo político al bien común y en las que asistimos impotentes al despertar de los fantasmas de la crisis económica de 2008, aquella que negó ZP hasta que impuso sus recortes con el voto del diputado Sánchez.
Ante tal panorama conviene reflexionar sobre la manipulación del lenguaje y subversión de valores que está siendo la constante del gobierno para el que, parafraseando a Nietzsche, “las palabras son, a menudo, en la Historia más poderosas que las cosas y los hechos”. La evidencia más palmaria está en la forma suave de referirse al “arresto domiciliario” que padecimos los días en los que descubrimos al vecindario desde los balcones: “confinamiento”.
Los calificativos de irresponsabilidad y de ineptitud para definir la reacción inicial y la deficiente gestión de Sánchez frente a la pandemia están sobradamente justificados: hizo oídos sordos a los continuos avisos de las organizaciones internacionales, fue incapaz de suministrar test masivos, EPIs para los sanitarios o mascarillas para la ciudadanía; ocultó la cifra real de fallecidos, eludió su responsabilidad utilizando sus homilías televisivas para enmascarar la ineptitud del mando único que reaccionó tarde y erró continuamente antes y durante su caótica desescalada…
Mientras que en Grecia, con la mitad de gasto sanitario por habitante que España, cuando tan sólo se habían registrado 3 casos por Covid-19 se cancelaban los eventos masivos, aquí irresponsablemente autorizaban y animaban a participar en manifestaciones, hasta que el 13 de marzo, con 5.232 casos registrados, decidieron cancelar los eventos masivos.
El caso de Islandia nos permite constatar la ineptitud de nuestro Aló Presidente. Allí se afrontó la pandemia apoyándose en la ciencia empírica mediante dos campañas de cribado con tests masivos: la primera, desde el 31 de enero, dirigida a las personas sintomáticas y a los viajeros que regresaban de zonas de riesgo; y la segunda, el 13 de marzo, para el resto de la población. Lograron el conocimiento temprano y el aislamiento, sin necesidad de arrestar indiscriminadamente a la población.
La conclusión es inapelable: España es de los países que peor ha manejado la pandemia del coronavirus. Así se desprende del informe elaborado por el ICMA australiano cuyo objetivo era evaluar la gestión de los gobiernos ante la crisis sanitaria. España aparece en el puesto 95 del ranking.
Tras meses arrestados, ¿por qué salimos peor que otros países con más de 43000 fallecidos, más débiles en todos los ámbitos y completamente rotos por el dolor que hubiera sido menor si hubieran reaccionado con celeridad y con antelación a aquellos días donde lo trascendental para Sánchez eran los independentistas y salir “sola y borracha”?.
Los españoles merecemos conocer la verdad, merecemos un Gobierno que no nos mienta y que abandone el caos y la improvisación.
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