Jueves, 04 de Junio de 2026

Miércoles, 02 de Octubre de 2019

Francisco de Borja

Opinió, per Ciro Palmer.

[Img #32113]A medida que voy conociendo la vida de Francisco de Borja, más convencido estoy que realmente fue un hombre santo como así lo reconoció la Iglesia en 1671, en el que el Papa Clemente X lo canonizó. Con frecuencia vivimos preocupados por conseguir en la vida lo que no trajimos y que tampoco nos llevaremos. Él fue un hombre que antepuso el interés general por encima del suyo propio, ejemplo que deberían seguir los que se dedican a la función pública. Su vida en Roma cerca del Papado adquiere un relieve singular frente a la negra sombra del pasado del Papa Borja, la ejemplaridad poderosa del hombre que rehúye la Corte pontificia, el capelo cardenalicio y la popularidad pública, restablece el buen nombre de los Borja. Los Borja, entendiendo por tales a los portadores de ese nombre y manchados con las pinturas rojas y ocres de un turbulento vivir, los anula Francisco con una elevada ejecutoria humana y espiritual. El Duque de Gandia, Virrey de Cataluña, Grande de España, ocupó en el ambiente y vida de Carlos I, Felipe II la Corte de Portugal, un destacado puesto, más social que político.

 

Francisco de Borja fue capaz de renunciar a todo por servir a la Iglesia y a la sociedad. Comparto totalmente las reflexiones de Pedro Suau S.J. cuando dice que “el nombre de Borja se extinguió en 1743, y, aunque San Francisco sigue siendo uno de los patronos más venerados de Madrid, no recibe ya los incomparables homenajes que le prodigaron las Cortes de Felipe IV y de Carlos II. Pero su vida heroica provoca, entre los que la conocen, una emulación de virtudes”. Celebremos su festividad con el fervor que se merece.

 

Hombre de gran valor humano y altura moral, como nos recuerda Suau S.J., de alto rango y de humildad cristiana, de iniciativa y obediencia. Nunca antes había habido tal magnitud de servicios prestados tanto a su patria como a la Cristiandad en una armonía perfecta. “Hombre verdaderamente superior, a los encantos de un espíritu abierto a todo, de un temperamento de artista, de una cortesía exquisita, añade los de una santidad cuya primera rigidez se suaviza poco a poco, va creciendo sin cesar y se hace cada vez más compasiva y humana”. 

 

“El bien que su conciencia le indica, lo realiza resueltamente y sin tardanza. Las contradicciones que espantan a otros, no lo conmueven. Ningún peligro lo turba. Conserva de los Borja la afición a los grandes proyectos, cierta fogosidad, la arrogancia ante el peligro. Dios en el cielo y sobre la Tierra, el Papa, el emperador, San Ignacio y su sucesor, son las únicas autoridades que lo hayan dominado. Les profesa una fidelidad caballeresca, pero bajo su misma humildad de religioso conserva una nobleza de gran señor feudal.” 

 

Aparece en la historia en el momento oportuno para reparar con humildad y oración lo que los suyos habían contribuido a empañar. Felicitar a Gandia por tenerlo como patrón y a la Compañía de Jesús porque fue un hombre ejemplar y oportuno para la misma. Su ejemplo de vida goza de plena actualidad. 

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