Viernes, 19 de Junio de 2026

Juan Vicente Yago
Martes, 21 de Agosto de 2018

Sirgador de noche

Opinió, per Juan Vicente Yago.

[Img #21668]Cuando la esposa ronca, el marido tira de la manta; y hay momentos buenos en que un leve tirón, un tironcito, el simple juego de muñeca basta para salir del paso. Aunque lo cierto es que tales momentos no abundan. Es más frecuente que haga falta un estirón sostenido, largo, de trayectoria generosa; o una serie de sacudidas intermitentes, nerviosas, tectónicas, cargadas de impaciencia y, para qué ocultarlo, de cierta furia. Entonces reacciona el oíslo, hay cambios, tambaleos y estertores en la erre sostenida; resoplidos y, si la suerte acompaña, una interrupción, siquiera temporal, del acompasado fragor.

 

Un alivio que, desgraciadamente, no es definitivo: el ronquido regresa, imperceptiblemente, como un retumbar creciente y aterrador, hasta que alcanza de nuevo el rebuzno primero. El rebuzno estrepitoso, desvergonzado, atávico e inocente que suele ser el ronquido. Llegado a este punto, al marido no le queda otra que descartar el sueño y emprender su oficio paralelo y secreto, su trabajo nocturno, su pluriempleo como sirgador de noche. Aferrar la manta con las dos manos y arrimar el hombro; estirar tenaz, derrengada y obstinadamente; arrastrar el ronquido por el canto del camastro como el sirgador arrastra la barcaza por la orilla del río; con la misma resignación, la misma tristeza, el mismo fracaso y la misma depauperación que pintó Repin en los del Volga; con idéntica sordidez, idéntico andrajo e idéntico extravío en la mirada.

 

El sirgador nocturno estira ya sin esperanza, como el jamelgo matalón, el penco viejo, la burra desfondada o el maratoniano que cobró afición pasados los cuarenta. Pero aun así estira sin tregua, denodadamente, más allá de cualquier temor e incertidumbre; tira por su dignidad, por su honrilla y por ese ir tirando que siempre será mejor que rendirse del todo, con la sirga en la frente y los ojos abiertos, vidriosos y fijos en la negrura del aposento y el destino. El sirgador de noche puede ser banquero, mecánico, agricultor, marchante o político de día; puede ser de todo porque de la sirga se libran pocos; tan pocos que incluso hay quien ha oído hablar de rentistas, de auténticos caballeros despreocupados, que sirgan por las noches que da gusto.

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