Tony Antonio: 'Los humoristas deberíamos ir a los hospitales a hacer risoterapia'
Continúan las noches de humor en el Teatro Gandia Palace, en la playa de Gandia. El pasado sábado, 7 de abril, fue el turno de Tony Antonio. Este sábado 21 actúa Carlos Torres, «el hombre de los mil sonidos».
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¡Qué importante es poner humor en nuestra vida cotidiana!, ¿verdad?
–Yo creo que sí, y más en esta situación en la que estamos en este país. Cuanto más se ría la gente, menos problemas habría en el mundo. Lo digo totalmente en serio: los cómicos deberíamos ir a los hospitales a hacer risoterapia, para los enfermos, sus familiares, o para cualquier persona que esté deprimida. La risa es muy importante. Además, dicen que movemos más de 400 músculos que si no lo hacemos están como atrofiados. Así que los cómicos también hacemos un servicio.
¿Cómo se adentró en el mundo del humor?
–Yo no tenía ningún antecedente en la familia, mi padre era ebanista y yo ejercía con él, hasta me presenté a concursos de ebanistería. Desde niño ya hacía imitaciones. Con 8 años me llevaron a ver una película de Cantinflas y les daba la lata a la familia. Tras hacer la mili me presenté a un programa de televisión, a mediados de los años 70. Gané y empezaron a llamarme para hacer actuaciones en directo, al principio apenas sin pagarme nada más que la consumición y el taxi, y yo como no bebía, pues encima les salía más barato... Y ya con 22 o 23 años me lié la manta a la cabeza y dije pues voy a tirar por este camino. ¡Y de eso ya han pasado más de 40 años!
¿Qué intenta transmitir en sus espectáculos?
–Lo fundamental es que el público, viéndome, se sienta a gusto, y que cuando salga diga «jolín, que bien, he estado una hora en la que me he olvidado de todos mis problemas, de la hipoteca, de las enfermedades...». Hago un espectáculo para todos los públicos y para toda la familia, sin tacos, sin estridencias... Yo seguiré en esto hasta que el público se ría conmigo, de momento lo voy consiguiendo, así que estoy feliz. El humorista tiene que «morir» en el escenario, como le pasó a Gila, a Tip y Coll y a todos los grandes en este país.
¿En qué basa sus monólogos?
–Tiro mucho de la actualidad, de lo que la gente ve en la televisión, porque el humor ha evolucionado mucho. Me apoyo también las imitaciones, a pesar de que yo siempre he sido muy tímido. ¡Yo era el que ponía los discos en los guateques, apenas ligaba!
¿Qué novedades ha introducido últimamente?
–Pues hablo de la polémica entre las dos Reinas, de Puigdemont.. pero sobre todo sin herir, haciendo un humor sano.
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¡Qué importante es poner humor en nuestra vida cotidiana!, ¿verdad?
–Yo creo que sí, y más en esta situación en la que estamos en este país. Cuanto más se ría la gente, menos problemas habría en el mundo. Lo digo totalmente en serio: los cómicos deberíamos ir a los hospitales a hacer risoterapia, para los enfermos, sus familiares, o para cualquier persona que esté deprimida. La risa es muy importante. Además, dicen que movemos más de 400 músculos que si no lo hacemos están como atrofiados. Así que los cómicos también hacemos un servicio.
¿Cómo se adentró en el mundo del humor?
–Yo no tenía ningún antecedente en la familia, mi padre era ebanista y yo ejercía con él, hasta me presenté a concursos de ebanistería. Desde niño ya hacía imitaciones. Con 8 años me llevaron a ver una película de Cantinflas y les daba la lata a la familia. Tras hacer la mili me presenté a un programa de televisión, a mediados de los años 70. Gané y empezaron a llamarme para hacer actuaciones en directo, al principio apenas sin pagarme nada más que la consumición y el taxi, y yo como no bebía, pues encima les salía más barato... Y ya con 22 o 23 años me lié la manta a la cabeza y dije pues voy a tirar por este camino. ¡Y de eso ya han pasado más de 40 años!
¿Qué intenta transmitir en sus espectáculos?
–Lo fundamental es que el público, viéndome, se sienta a gusto, y que cuando salga diga «jolín, que bien, he estado una hora en la que me he olvidado de todos mis problemas, de la hipoteca, de las enfermedades...». Hago un espectáculo para todos los públicos y para toda la familia, sin tacos, sin estridencias... Yo seguiré en esto hasta que el público se ría conmigo, de momento lo voy consiguiendo, así que estoy feliz. El humorista tiene que «morir» en el escenario, como le pasó a Gila, a Tip y Coll y a todos los grandes en este país.
¿En qué basa sus monólogos?
–Tiro mucho de la actualidad, de lo que la gente ve en la televisión, porque el humor ha evolucionado mucho. Me apoyo también las imitaciones, a pesar de que yo siempre he sido muy tímido. ¡Yo era el que ponía los discos en los guateques, apenas ligaba!
¿Qué novedades ha introducido últimamente?
–Pues hablo de la polémica entre las dos Reinas, de Puigdemont.. pero sobre todo sin herir, haciendo un humor sano.






















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