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Día Martes, 30 de Junio de 2026
The Wall Street Journal publicaba recientemente que nuestro país acertó al no pedir el rescate, la ayuda de emergencia, al Banco Central Europeo. Este rotativo indicaba que España estaba haciendo los deberes, siendo nuestro principal problema el mal vecindario en el que vivimos. Sólo faltaba que, ante tanto ajuste y reestructuración sufrida por los ciudadanos, estuviéramos como al principio, cuando en plena crisis esta se negaba.
En octubre, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advertía que para 2013, en el peor de los escenarios manejados, la prima de riesgo española podría llegar a 750 puntos básicos. Sin embargo la prima de riesgo el 14 de enero se encontraba en los 341 puntos básicos.
Ha calado en la ciudadanía la idea que los principales organismos de control económico han ido pegando bandazos en la búsqueda de la salida de la crisis económica y financiera realizando advertencias y orientaciones erróneas o adversas. A ello han contribuido los propios técnicos del FMI al reconocer errores en sus recomendaciones de austeridad a los países de la Eurozona. Así, el FMI calculaba que un recorte de 1 euro en el gasto público suponía una caída de 0,50 euros a la economía del país cuando en realidad la cifra sería de 1,50 euros, lo que significa que por 1 euros que se recorta del presupuesto estatal cuesta a la economía nacional 1,50 euros.
Las nuevas tecnologías se han convertido en el cobijo donde verter insultos por doquier. En las redes sociales, entre la fina y elegante ironía, ha aumentado desmesuradamente la grosería y la bazofia. Esta situación no es nada ajena a la proliferación de perfiles falsos, es decir, de perfiles creados ex profeso para publicar todo lo que su creador es incapaz de pronunciar por cobardía o vergüenza.
Cuando los hilos que mueven las manos de esta copia mala de los seudónimos literarios teclean sus terminales y ordenadores con una clara intención ofensiva contra el honor, la dignidad o la intimidad de las personas deberían ser inmediatamente desenmascarados en la plaza pública cibernética por los responsables de la aplicación de la respectiva red social.
El problema radica en delimitar la línea de la intimidad. Para algunos, excepto para los de la revolución social "miciudad Shore", se puede hablar de todo excepto de lo que ocurre en el interior de su alcoba. Algunos personajes incluso representantes institucionales, como la Familia Real, zanjan la línea de su intimidad con el pertenece a su vida privada y punto.
Cualquier perfil puede libremente opinar y crear opinión pero siempre identificándose por si se salta la valla de la Ley Orgánica 1/82 poder tirarle las orejas en la sede judicial oportuna. Porque un nick o perfil que no se identifica no es más que una cosa. Y las cosas no pueden expresarse. Las cosas ni hablan, ni oyen ni ven. Las cosas no piensan. Las redes sociales se están cosificando con la multiplicación de perfiles inanimados creadores de comentarios soeces y deleznables. Los que mueven a estas cosas pretenden crear crispación y disfrutan revolcándose en ella como si fuera fango.
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