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Editorial
Miércoles, 21 de diciembre de 2016

Hacia un urbanismo más sostenible

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Editorial.

Tras la bonanza económica y el estallido de la burbuja inmobiliaria, cada vez son más los expertos que se inclinan para promover en el territorio valenciano un nuevo modelo de urbanismo menos invasivo, menos salvaje, y en definitiva más sensible con el medio ambiente y sostenible que el sufrido en los últimos años. Planificar macrourbanizaciones o polígonos industriales para cada pueblo que lindan los unos con los otros son ya ideas del pasado.


Preservar las zonas agrícolas y naturales también forma parte de este urbanismo pacificador que trata de aprovechar los recursos sin invadir más territorio. De ahí la moratoria urbanística acordada por la Generalitat en noviembre de 2015, hasta que se redacte el Plan de Acción Territorial de la Infraestructura Verde (Pativel), y que en la Safor ha permitido proteger temporalmente parajes costeros tan queridos como la playa virgen de l'Auir. O el PGOU que ultima el Gobierno de Simat de la Valldigna, donde desaparece definitivamente la reserva para el campo de golf y el residencial de mil viviendas en el entorno del monasterio de Santa Maria. 


Este concepto también llega a las ciudades, donde el Consell favorece la rehabilitación de viviendas en espacios degradados en vez de ocupar más terreno para construir otras nuevas o reclasificar más suelo. La regeneración urbana del barrio de Simancas, en Gandia, es un ejemplo.


Otra medida aprobada por el actual Gobierno de Gandia afecta a la playa, especialmente a la zona antigua, autorizando más alturas (hasta un máximo de 10) a cambio de dejar más parcelas libres en superficie. En cierto modo se anima a las comunidades de vecinos (a largo plazo) a derribar edificios construidos hace décadas y levantar otros nuevos, siguiendo un modelo de concentración en altura. También Oliva está inmersa en un Programa de Fomento de la Regeneración y Renovación Urbana (ARRU) para los barrios de la parte alta, y que contempla interesantes ayudas a las reformas o rehabilitaciones de viviendas, entre otras actuaciones.


Por otra parte, las subvenciones para instalar ascensores en bloques antiguos mejoran la calidad de vida de los vecinos y hacen estas viviendas más atractivas para el alquiler o la venta. Y en aquellas zonas con viviendas ilegales o fuera de ordenación, la construcción de dotaciones como depuradoras o viales de acceso sufragados parcialmente por los propietarios también ayudarán a regularizar la situación. Son medidas en la buena dirección para corregir, en la medida de lo posible, la especulación y el destrozo del territorio de las últimas décadas. 

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