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Joan Banyuls
Miércoles, 3 de febrero de 2016

Memoria de 'suro'

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Opinió, per Joan Banyuls.

Hace más de cuatro años, cuando Arturó Torró fue investido alcalde de Gandia, fuimos muchos los que pensamos que no era la persona más idónea para ocupar el cargo. No tanto por su capacidad intelectual, sobre cuyo tamaño no voy a entrar a discutir, sino por su intención política. Para que me entiendan, nunca ví en el exalcalde de Gandia un deseo de servir a los intereses de la ciudadanía, de hecho, jamás reconocí en Arturo Torró a un político, ni por sus formas, ni por sus pensamientos, ni por sus acciones.

Las primeras decisiones que tomó empezaron a darme la razón: cambió de sentido en la circulación de vehículos en la primera línea de la playa, remodelaciones de plazas sin ninguna razón, regeneración de una playa que no servía para tomar el baño y construcción de un chiringuito innecesario, actuaciones de cantantes de elevado caché, los toros, el Maremágnum, etc, etc.

Todo hecho deprisa, sin ningún tipo de estudio y por puro placer personal, y con la paradoja de que, al mismo tiempo, gritaba a los cuatro vientos que el anterior Gobierno de Gandia había dejado el Ayuntamiento quebrado. Cuando se le preguntaba que quien pagaba, pues, todo el gasto que estaba haciendo, Arturo respondía con la famosa frase de “es a coste cero”.

Luego se ha demostrado que ese “coste cero” para el Ayuntamiento, era “coste mulitmillonario” para la empresa pública IPG, que como todo el mundo sabe, es también el Ayuntamiento. Luego vinieron acciones todavía más osadas, típicas de carácter de personas que no admiten críticas, como fue por ejemplo, dejar sin recursos económicos a la oposición llevar a los juzgados a todo bicho viviente que le llevara la contraria, cerrar a los ciudadanos la primera planta de Ayuntamiento, sacar a pasear el fantasma del catalanismo, desconsiderar en público a la entonces portavoz del Grupo Municipal Socialista y hoy alcaldesa, Diana Morant, etc, etc..

Su propia gestión de los asuntos municipales dejó mucha veces que desear, y aunque no voy a profundizar en lo hechos, basta y sobra con decir que Arturo Torró presidió un Gobierno con mayoría absoluta al cual le han declarado ilegales... ¡tres de los cuatro presupuestos que presentó!
Bueno, el último ni siquiera se atrevieron a aprobarlo porque podían tener problemas con la Justicia. En el atardecer de su carrera política, Arturo Torró ha comentado que quizá debió sentarse a dialogar más con la oposición: ¡A buenas horas mangas verdes!. Y después de Arturo... ¿Quién?.

Pues queda... ¡Víctor Soler! Otro imputado, o investigado, o como se llame, en la Púnica, que tuvo el «valor» de salir huyendo como alma que lleva el diablo hacia la salvación en forma de aforamiento en Les Corts Valencianes, que en el Ayuntamiento de Gandia era conocido por muchos como «mentiroso compulsivo», e igualmente responsable de la mala gestión de Arturo Torró.

Es hora de recuperar la memoria de verdad, y no la de la de “suro”, pues el corcho se queda en la superficie y aquí hay que ir hasta el fondo: la corrupción que impregna al Partido Popular hasta la médula no debe quedar impune.

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