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por Antonela de Bernardo
Jueves, 5 de noviembre de 2015

MI GRAN RETO

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“Hoy pienso todos los disgustos y llantos que me hubiese ahorrado haber descubierto antes el balón intragástrico”

Desde que tengo uso de razón, he sufrido sobrepeso. Con 25 años había probado todas las dietas que te puedas imaginar pero siempre era desmotivante bajar 3 kilos, cuando me sobraban 35-40 kg. ¿Qué significaba ese sobrepeso para mí? Una incapacidad absoluta de ser quien era. No poder expresarme por pensar que la gente veía una gorda antes que una profesional; morirme de calor en verano por no dejar mis brazos al descubierto; limitaciones constantes a la hora de relacionarme con amigos y gente que no había visto jamás; dejar de realizar muchas actividades porque físicamente me costaba hasta caminar; o el drama constante cada día para vestirme. Y esto sólo son algunos de los ejemplos de lo que era mi vida. Ni hablar de asistir a una fiesta si tenía que comprarme un vestido para asistir. No importaba el precio... volvía a casa con las manos vacías. Nunca en mi vida adolescente me vestí como hubiese querido, las tallas no existían.

“El problema es que la obesidad se relaciona sólo con la estética y yo consideraba el balón un lujo. Sin embargo, era mi salud física, psíquica y emocional lo que estaba en juego”

Hoy pienso todos los disgustos y llantos que me hubiese ahorrado haber descubierto el balón intragástrico antes. Pero el problema es que la obesidad se relaciona sólo con la estética y yo consideraba el balón un lujo. Sin embargo, era mi salud física, psíquica y emocional lo que estaba en juego. A mi corta edad tuve la oportunidad de viajar a un montón de lugares… pero nunca, nunca pude disfrutar completamente de nada porque mi peso era mi karma constate. En febrero de 2013 me puse en contacto con Clínicas Dorsia para averiguar más sobre el tratamiento y en menos de 10 minutos recibí una llamada que me cambió la vida. Me iban a ayudar.
Hoy me siento invencible, no tengo límites, hay un mundo lleno de oportunidades y de cosas que quiero hacer y simplemente disfrutar de estar viva. Antes no me daba cuenta. Y ahora, ¡hasta he completado mi primer Triatlón Olímpico en Nueva York! Sí, sí ¡YO! la misma chica que un año atrás no podía caminar, ¡Al pasar por meta no pude hacer otra cosa que llorar!
No hay recetas mágicas…el balón fue un gran impulso pero no lo hubiese conseguido sin sacrificio y sin la atención del equipo de Clínica Dorsia. Ellos estuvieron conmigo, siempre. No voy a decir que es fácil, mantenerse es una lucha diaria, pero lo bien que me siento hoy hace que todo valga la pena. Simplemente, ¡me devolvieron la VIDA!

Dorsia.
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