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Maximiliano Doncel
Miércoles, 21 de octubre de 2015

'Jamás serviré a señor que pueda morir'

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Opinió, per Heber M. Doncel.

Hay veces que pequeñas cuestiones son las que marcan la diferencia y pasan desapercibidas; tal es el caso de la amistad que mantenía Juan de Ávila y Francisco de Borja, en su vida terrenal. Una amistad clave y trascendental que marcaría el destino de Francisco de Borja. Y es precisamente ahí donde está la clave de su entrada en la Compañía de Jesús, la cual fue fruto de la amistad que mantenían Francisco de Borja e Ignacio de Loyola con Juan de Ávila.

Todos conocemos que el fallecimiento de la Emperatriz Isabel de Portugal marcó profundamente a Francisco de Borja, llegando a pronunciar la célebre frase “Jamás serviré a señor que pueda morir”, pero lo que no conocemos es quién le condujo a tomar los hábitos. El caso es que en la ciudad cordobesa de Montilla vivía Juan de Ávila, un sacerdote que evangelizó en Andalucía, colaborando en la apertura de colegios religiosos y conventos de diversas órdenes, colaboró también en la creación de la orden Jesuita; y fue allí, en casa de Juan de Ávila, donde Francisco de Borja conoce a Ignacio de Loyola.

Es de destacar que de Juan de Ávila fueron discípulos, personas tan ilustres como Ignacio de Loyola, Francisco de Borja, Juan de Dios, Teresa de Jesús, Fray Luis de Granada; entre otros. En aquél patio cordobés de aquella casa en Montilla, que a día de hoy es un museo, allí Juan de Ávila encamina a Borja a la vida religiosa; poniendo en contacto a Francisco de Borja y a Ignacio de Loyola, quien acababa de fundar la Compañía de Jesús, de la cual el IV Duque de Gandia acabaría siendo III General.

Hay veces que pequeños detalles de la historia que pasan inadvertidos al público general, son los que marcan la diferencia; y en ocasiones esos hechos tienen una trascendencia inesperada. Por este motivo creo que las ciudades de Gandia y Montilla deberían hermanarse, ya que en aquella ciudad ocurrió un hecho de gran relevancia para Gandia: el ingreso de Francisco de Borja en la Compañía de Jesús, consagrando su vida a Dios; un hecho que a la postre le elevaría a los altares, siendo a día de hoy patrón de su ciudad natal. Teniendo en cuenta la relevancia histórica, social y cultural que tiene Francisco de Borja en nuestra ciudad, una decisión tan significativa como es el tomar los hábitos tiene gran importancia; y por ende el sitio donde tal decisión se fraguó, Montilla.

Montilla es una ciudad de unos 30.000 habitantes, parte de la comarca “Campiña Sur Cordobesa” de la cual Puente Genil es capital, si bien la mayoría de las instituciones comarcales están en Montilla, la cual además es cabeza de partido judicial. Fue parte del Señorío de Aguilar hasta que en 1371 se la segrega a título de Villa, otorgándole Felipe IV el título de Ciudad en 1630. En el castillo de Montilla nació Gonzalo Fernández de Córdoba, quien pasó a la posteridad como “El Gran Capitán”; además de otros ilustres personajes que forman parte de la historia de España. Montilla es sede de varias instituciones comarcales y cabeza de partido judicial; además tiene otorgada la Denominación de Origen Montilla – Moriles para sus vinos y vinagres; además de producir aceite de oliva.

Esta es una gran oportunidad para las empresas de la comarca, a fin de expandir su mercado e intercambiar productos, además de ser bueno para traer turismo en temporada baja. Todo suma, y un hermanamiento supone una gran oportunidad para ambas ciudades. Consideramos interesante relacionarnos con otras ciudades, pensamos que puede ser de interés para ambas, generando sinergias entre los tejidos empresariales de ambas ciudades. Gandia siempre ha sido una ciudad abierta a la historia y la cultura, máxime cuando se trata de un ciudadano tan ilustre, Santo y Patrón de la misma, cuyo pasado está ligado a Montilla, donde cambió su vida. Por todo ello proponemos el hermanamiento de la ciudad de Gandia con la ciudad de Montilla.

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