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Joan Banyuls
Viernes, 8 de mayo de 2015

La última Torronaria

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Opinió, per Joan Banyuls.

En el silencio de la noche medito acerca de estos cuatro años, que afortunadamente llegan a su fin, en los cuales tú, Arturo, has gobernado mi ciudad. Yo nací en Gandia hace 49 años, la misma edad que tenía mi padre cuando falleció, y soy hijo y nieto de gandienses, de ciudadanos que aunque nunca estuvieron en ningún gobierno municipal de Gandia sí participaron de su vida, de sus fiestas y de sus instituciones, y contribuyeron de alguna u otra manera a que el nombre de su ciudad fuera respetado. Mi abuelo paterno, Vicente Banyuls, fue secretario judicial en Gandia antes, durante y después de la Guerra Civil. Durante la contienda, gracias a su intervención oponiéndose a un grupo de anarquistas armados hasta los dientes y que venía de quemar el registro de la propiedad, los libros del Registro Civil de nuestra ciudad no se convirtieron en humo. Después de eso hubo de esconderse un tiempo, para evitar represalias.

Mientras, mi abuelo materno, Jesús Belda, ejercía de cartero en el bando republicano, llevando noticias de sus familias a todos aquellos que en el frente pasaban penurias y angustias pensando en su gente, y a éstas las respuestas de sus padres, maridos, hermanos e hijos. Fue premiado al finalizar la guerra con una temporada en un campo de concentración y además con la pérdida de las tierras que trabajaba. Mi padre, Luis Banyuls, o Don Luis como es más conocido, fue profesor en las Escuelas Pías de Gandia desde los 20 años hasta la edad en la que prematuramente murió. Fue un hombre respetado y querido por todos sus alumnos, algunos de los cuales jamás le olvidaron.

Mi madre, Amparo Belda, fue dependienta en La Cuna desde los 14 años hasta que se casó, y siendo ya viuda y con cuatro hijos pequeños, tuvo el valor de plantarse en el despacho del entonces alcalde de Gandia, Salvador Moragues, para reclamarle el que no le hubieran concedido la ayuda económica que daba el Ayuntamiento de Gandia a las familias con pocos recursos económicos para comprar los libros de estudio de sus hijos, cuando si se había otorgado a familias más pudientes que la nuestra.

Siempre le agradeció a su alcalde que le atendiera y reparara la injusticia. Podría contarte más cosas de otros familiares míos, pero no estoy escribiendo esto para hacer un relato de mi gente. No, te lo aseguro. Escribo esto para que decirte que todos ellos fueron o son personas normales, que no ejercieron de héroes y tuvieron pensamientos o ideas políticas distintas, casi siempre, pero que en una cosa estuvieron de acuerdo: amaban Gandia. Siempre hablaban con orgullo de su ciudad, porque la sentían como algo propio.

Ellos eran Gandia y lo sabían, y nunca se hubieran atrevido a hacer nada que perjudicara su buen nombre. Pero tú, Arturo, de eso has demostrado que sabes poco y que sientes menos. Por culpa tuya, y lo tengo que decir alto y claro, nuestra ciudad vive sus momentos más bajos, porque has dilapidado un patrimonio y una conciencia de ciudad orgullosa, convirtiéndola en Gandia Shore.

No sólo por el maldito programa, sino porque has llevado el resentimiento a las instituciones, menospreciando a los representantes de los que no te votaron, porque has utilizado su nombre, el bueno, Gandia a secas, para subirte el pavo y promocionarte tú personalmente y todos tus pelotas.
Podría caer en el juego fácil de recordar que tú no eres hijo de Gandia, pero eso no es causa para no ser un buen gandiense, pues hay muchos no nacidos aquí que lo son y que sienten esta ciudad como suya. Pero tú llegaste a Gandia para ejercer tu profesión y montar tu negocio, como podías haber elegido Dénia, Cullera o Sagunto.

Por eso nunca serás un gandiense de corazón, porque, en mi humilde opinión, cuando ya nada te quede por hacer aquí te irás a otro lugar y poco te importará lo que dejes detrás.
Esa es la diferencia. Y no voy a decirte nada más de lo que te he dicho a través de mis escritos durante estos cuatro años, salvo esto que espero que sea la última vez que lo escriba: Quosque tandem abutere, Arturo Torró, patientia nostra? (“¿Hasta cuándo abusarás, Arturo Torró, de nuestra paciencia?”).

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