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Joan Banyuls
Jueves, 4 de diciembre de 2014

Un alcalde en un cuento de Navidad

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Opinió, per Joan Banyuls.

Papá Noel bostezó allá en su refugio del Polo Norte, en plena Laponia, mientras agarraba del saco postal la enésima carta del día y, después de ajustarse las gafas, se dispuso a leerla. La carta era de un tal Arturo Torró y venía desde Gandia, una ciudad bañada por el Mediterráneo. “Vaya –dijo Papá Noel‑, allí seguro que no tienen que utilizar el trineo para ir a comprar el pan, jo, jo, jo. Veamos que quiere el tal Arturo”. El viejo escandinavo observó que la carta tenía no menos de veinticinco folios, escritos a doble cara, y supuso que era de alguien muy necesitado que quería pedirle muchas cosas.

Pero no. A medida que iba avanzado en su lectura, Papá Noel iba frunciendo el ceño, pues al llegar al último folio el autor de la carta todavía estaba echándose flores y diciéndole al viejo Santa Claus lo bueno que era él mismo y lo bien que lo hacía todo, que si patatín, que si patatán, que si “a pesar de lo que digan”, que si “me tienen envidia”, y otras cosas por el estilo, que en esto de repetirse Arturo Torró es un maestro.

Y al final de todo, solamente una petición: quería volver a ser alcalde de su ciudad. Papá Noel llamó a uno de sus duendes para que le trajera el expediente “AT” –por Arturo Torró, claro-, para lo cual tuvo que utilizar una carretilla, pues el pobre duendecillo no podía con las seis abultadas carpetas que formaban el dossier.

Después de una lectura rápida, Papá Noel suspiró, y por primera vez en su vida se dispuso a escribir él mismo una carta de respuesta, la cual rezaba así: “Querido Arturo, después de leer atentamente tu carta tengo que decirte que nunca jamás he encontrado a nadie tan encantado de conocerse a sí mismo como tú. Como, por lo que se ve, ser quien eres ya es suficiente premio, pues te quedas contigo mismo y tan feliz.

En cuanto a lo de volver a ser alcalde, hijo mío, como he recibido de Gandia unos cuantos miles de cartas pidiéndome lo contrario, o sea, que dejes de serlo, dejaremos que lo decidan las urnas, aunque ya te adelanto que la llevas más clara que el zapatero de Tarzán. Atentamente, Papá Noel”. Después de escribirla la introdujo en un sobre que entregó al duende, el cual lo miró con cara de sorpresa: “No te extrañes, amiguito –dijo Papá Noel-, hay personas que no cogen nunca las indirectas, así que hay que hablarles claro.

Quien se alaba y presume tanto, hace tantas trampas, se inventa comisiones, oculta información, se rodea de pelotas, malgasta el dinero público, intenta humillar a su adversario con calumnias, y, sobre todo, quien miente, se burla y toma por tontos a los ciudadanos, merece algo más que carbón”. Y así, junto a la carta, Papa Noel dejó escrita una tarjeta que decía: “Quosque tandem abutere, Arturo Torró, patientia nostra?” (“¿Hasta cuándo abusarás, Arturo Torró, de nuestra paciencia?”).

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