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Joan Banyuls
Miércoles, 16 de abril de 2014

Las Torronarias (XVI): Un alcalde destructor

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Opinió, per Joan Banyuls.

Si hay algo que distingue a las personas que padecen de megalomanía, es su fijación en dejar algo detrás de si que recuerde a los demás su paso por el mundo. En esa faena estaban los faraones cuando construyeron las pirámides, o Franco con el Valle de los Caídos, e incluso Hitler tenía proyectado erigir una nueva Berlín –cuyo nombre iba ser Germanía—, fastuosa e impresionante. Cuando estuve en Bucarest pude comprobar como Ceaucescu, el dictador rumano, también edificó una auténtica barbaridad, el delirante “Palacio del Pueblo”, que es el segundo edificio más grande del mundo después del Pentágono, y que casi arruinó a su país con tal de darse el capricho de dejar su huella.

En Gandia, Arturo Torró pretende que le recordemos por lo único que está haciendo, y mal, que es reformar plazas y parques. No tiene más imaginación. Ahora se le ha metido en la cabeza cambiar el llamado “Parc de l’Alqueria Nova”, conocido por todos como el “Parc de Sant Pere”. Ese parque, el cual conozco bien porque toda mi vida he vivido allí, es único en Gandia por su configuración en forma de lomas, que dotan al mismo de una belleza y una tranquilidad que siempre ha sido agradecida por los vecinos.

A Torró le debe parecer mal que este espacio, creado por un gobierno municipal socialista, sea tan apreciado, y en vez de mejorar su mantenimiento y reforzar su seguridad, se le ha ocurrido una peregrina idea, que es la de aplanar las lomas, tirar el muro y poner un escenario y un chiringuito, o sea, que ya tenemos otra plaza y otro negocio con el cual trapichear. Menos mal que los vecinos se han movilizado, y a pesar de las mentiras que Guillermo Barber vomitó por la radio el otro día –hablando de supuestas manipulaciones políticas—, le han dicho clarito al alcalde que “no les toque el parque”.

Es una estrategia de Arturo y su séquito crear fantasmas y enemigos invisibles cuando se les lleva la contraria. Como lo es echar las culpas de todo a José Manuel Orengo, o a Pepa Frau, o a Salvador Moragues, y la de atribuirse afinidades de todos aquellos que hayan destacado en algún campo: como José Rausell –que renegaría de todos ellos si viviera—, José Vicente Saenz de Juano –que les diría cuatro cositas a Torró y sus secuaces—, y la última, Adolfo Suárez, un político que jamás militó en el PP entre otras cosas porque todos aquellos que lo traicionaron se fueron en masa a la entonces Alianza Popular, cuyo nombre cambiaría más tarde Aznar por Partido Popular.

Arturo Torró siempre se ha llenado la boca con los nombres de estos personajes, como lo hizo en su día con el de Esperanza Aguirre, conocida ahora como Espe Fitipaldi. Lo último ha sido mandar una carta horrorosa y servil, cursi hasta la saciedad, a través del diario El Mundo, al Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Y es que “quién con pelotas se acuesta, lameposaderas se levanta”.
Quosque tandem abutere, Arturo Torró, patientia nostra? (¿Hasta cuándo abusarás, Arturo Torró, de nuestra paciencia?).

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