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Joan Banyuls
Martes, 4 de diciembre de 2012

Las Torronarias (IX): Un alcalde peregrino

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Opinió, per Joan Banyuls.

Vaya por delante que a mí lo que cada cual haga con su vida privada me importa más bien poco, mientras no afecte a la mía. Así que lo mismo me da que me da lo mismo que el alcalde de Gandia peregrine al templo del "Apóstol Santo", como que aborde su catamarán para darse un garbeo por el Mediterráneo o vuele a la Argentina a ver sus otros compatriotas (no se si sabrán que el primer edil de nuestra ciudad tiene la doble nacionalidad hispano-argentina).

Pero cuando ello se produce en mitad de un desbarajuste tal como el que hay montado en el Ayuntamiento de Gandia, con multitud de ciudadanos jurando en hebreo por el subidón de impuestos o el tema de las bicis, con la situación económica del consistorio al borde del colapso por el impago a las entidades bancarias, o con el tema social a punto de reventar por el paro, el cierre patronal de las farmacias o la compra de discotecas, concesionarios de coches y boleras, me da por pensar que quizá no era el mejor momento para que el responsable de todo el desaguisado se marche de vacaciones.

Claro que lo más me asusta es que igual a Arturo se haya dado cuenta de que igual su capacidad como gobernante no es la misma que como empresario (él sabrá si es buen empresario o no, los demás no tenemos ni idea), y que el asunto se le ha ido de las manos. Tanto gastar y gastar en las mencionadas compras o en barbaridades escénicas como el Maremágnum, conciertos a troche y moche, y en remodelar plazas que no tenían ninguna necesidad perentoria de serlo, han llevado a la ruina a esta ciudad.

Ya no vale el tirar el muerto al gobierno del PSOE, que por cierto le dejó dinero en caja a pesar de que el exhiba una auditoría que no ha entregado a nadie. Lo que pasa es que cuando un gasta a tiribandiri y no ingresa, las cuentas no cuadran. Y entonces es cuando se utiliza el recurso de lanzar humo para disimular la situación, y se presentan denuncias infundadas contra José Manuel Orengo, que ya les digo que no tiene la menor posibilidad de salir adelante porque no es más que una maniobra de distracción para ganar tiempo par ver si la situación mejor por inercia. Mucho me temo que es esto lo que le ha pedido al Apóstol en su peregrinación.

Sin embargo, haría bien en ponerse las pilas y comprobar a que situación nos ha llevado el gobierno del PP en nuestra tierra. Ayer tuve un "deja vu" que me dejó helado. Iba por la calle y vi una farmacia a cuyas puertas se había formado una cola de unos treinta metros. La mayoría de sus integrantes eran personas mayores que aguantaban estoicamente el viento frío para conseguir las medicinas necesarias, en caso de que en la botica las tuvieran, que esa es otra. De pronto, mi mente retrocedió veinte años.

Volví al mes de diciembre de 1990 y a las calles de Bucarest, Rumanía. Durante aquél viaje recuerdo como me impactó ver las colas interminables que la gente hacía en la calle para conseguir productos básicos como el pan, la leche... y las medicinas. Eran tiempos donde el país de los Cárpatos seguía con una estructura comunista, a pesar de que ya hacía un año que se habían cepillado al dictador Ceaucescu.

Después de eso he visitado muchas veces Rumanía y nunca más he vuelto a ver aquellas colas. Ahora empiezo a verlas aquí. Y me pongo de una mala hostia... Quosque tandem, Arturo Torró, abutere patientia nostra? (¿Hasta cuándo, Arturo Torró, abusarás de nuestra paciencia?).

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