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Joan Banyuls
Miércoles, 26 de septiembre de 2012

Santiago Carrillo

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Opinió, per Joan Banyuls.

Hace poco más de una semana nos dejó una persona cabal, que siempre decía lo que pensaba. Eso es lo que hay que esperar de aquellos cuyos pensamientos tienen sentido común y responsabilidad. Santiago Carrillo, al cual tuve la oportunidad de escuchar en una charla que dio en Gandia hace algunos años, fue un hombre vilipendiado por la derecha fascista de este país, quien no dejó de echar basura sobre él desde que accedió al cargo de Secretario General del PCE (Partido Comunista de España), allá por los principios de los años 60, y en el exilio.

Hasta ese momento poco o nada comentaba el régimen de Franco sobre él. Tuvo la valentía y el sentido de estado que requiere un líder político para renunciar a muchas de sus ideas, entre ellas la de ser un republicano convencido, con el fin de facilitar la transición hacia la democracia sin violencia ni ruptura. Quizá por ello Juan Carlos y Sofía acudieron al domicilio familiar de Carrillo a mostrarle su respeto, cosa que no han hecho cuando han fallecido otros personajes relacionados con esa etapa.

Después de sufrir una estrepitosa derrota electoral en 1982, donde el PCE pasó de 21 diputados a 4, Santiago dimitió de su cargo asumiendo su responsabilidad, pero no dejó la lucha política. Sus disputas con la nueva dirección comunista le llevó a ser expulsado de la formación que había liderado, y acabó fundando un nuevo partido, el PCPE (Partido Comunista de los Pueblos de España), que finalmente se fusionó con el PSOE.

La derecha más intransigente de España seguirá tratando de ensuciar su imagen, como han hecho hasta ahora, y la prensa a su servicio o ha ignorado su muerte o ha mentido, como siempre, sobre su implicación en los asesinatos de Paracuellos. Como Santiago Carrillo ya lo explicó en su día, yo no me voy a extender sobre esta absurda campaña de los salvapatrias peperos, aunque diré una cosa: el patriotismo de Santiago Carrillo está muy por encima de aquel que defiende la "España de charanga y pandereta", tanto que hoy en día es ya un personaje histórico de este país, mientras que otros pululan por ahí, saltando ante la aparición de cualquier cámara de televisión para darse a conocer.

En estos tiempos en la que la mayoría de la clase política está plagada de incapaces, cuyo único mérito es haber hecho la pelota mejor que nadie al mandamás de turno que le ha colocado en la lista, se nos ha ido un librepensador que a sus 97 años tenía la mente más lúcida que la mayoría de los dirigentes de este país. No ha dejado grabada ninguna entrevista póstuma, pues como le dijo a un periodista: "Yo, después de muerto, ya no tengo nada que decir".

Una de sus últimas reflexiones que pude escuchar en la radio fue "que en España se estaba sembrando el germen de una revolución". Lo creo. Por eso acabo con unas palabras sacadas de una canción de Franco Batiatto, que pienso que él también suscribiría: "La fantasía viene de la gente de aquí, y no de las estrellas. ¡A rebelarse, estúpidos, que el agua de los ríos desciende muy crecida!.
No tengo yo la culpa si existen los verdugos, si existe la imbecilidad, y si las calles están llenas de gentes con problemas: Up patriots to arms! (¡Arriba, patriotas, a las armas!)". Hasta siempre, amigo.

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